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Dúo cantinero en Polanco

Si se pusieron de acuerdo o no para abrir en Polanco, qué más da. Nos fuimos de cantina en cantina y encontramos estas dos

La Excéntrica

Tal vez ni un cielo cubierto de azulejos vintage nos parecería tan excéntrico hoy. A veces lo original se ubica en los detalles no visibles y en esta nueva cantina se encuentran en la carta. Cuentan con muchas opciones de mezcales y los espirituosos de cajón. Un elemento que da el toque excéntrico es el que ofrezcan charcutería, además de tacos de pato al pastor, hamburguesa de puerco y queso azul o un sándwich de ostión ahumado (especialidad de la casa). Para quienes no perdonan lo caldoso, una sopa de lentejas con jocoque y hierbabuena resulta apetecible. ¿Cordero en salsa de hoja santa? Por qué no. Ya entrados en salsas, las de aquí son exquisitas. De las cinco que ofrecen, destaca la macha con serrano, jalapeño y albahaca. Tiene al frente una pequeña terraza con sillones muy cómodos para quienes deseen estar al nivel de la calle. Al entrar, del lado derecho domina un conjunto de periqueras y del izquierdo la barra de bebidas, todo sobre duela y muros casi limpios. Las opciones para ubicarse no terminan ahí. Quien desee “crudear” con dignidad, puede sentarse en la barra fría y solicitar un ceviche de huachinango, con la respectiva cerveza de camarón. Para la noche, el lugar cuenta con mesas enmarcadas por un muro de ladrillos y ese azulejo vintage que resume un estilo contemporáneo bien equilibrado. Al fondo, una terraza dispone de mesas y sillones que resultan irresistibles para gozar de la brisa nocturna de verano. Dos elementos clave de una buena cantina: la música y la

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Polanco

Los Amantes

No todos los días se ven cinco agaves a la orilla de la calle. Esa es la bienvenida que nos da esta cantina que ostenta la marca del mezcal oaxaqueño del mismo nombre. ¿Cómo no amar esta bebida? Lo primero que nos ofrecen es el de la casa: blanco, añejo o reposado. Ante la incertidumbre, nos dan a probar los tres para tomar una decisión menos espontánea. La cantina honra su categoría con una carta de antojitos y platos fuertes. Entre los primeros destacan los toritos, los tacos de cecina y el chicharrón sudado, hecho con cilantro, cebolla y jitomate en baño maría. Todos acompañados con salsa verde, roja o de xoconostle. Como cantina, la decoración es cálida pero sin esa atmósfera de arrabal (aunque esté en Polanco) que invita a perderse en "la niebla del alcohol". Al frente hay una terraza a media luz y el salón principal cuenta con una vitrina que resguarda los mezcales de la casa, cuyo arte estuvo a cargo del pintor oaxaqueño Guillermo Olguín. Los muros de ladrillo rojo hacen juego con un mobiliario de madera sencillo y un tanto demodé. No faltan televisores en marcos como los que hay en la sala de tu tía abuela. Oh, my kitsch! De vuelta a las viandas, la selección es breve pero sintetiza lo que se espera de una cantina con platillos típicos: chamorro, pollo con mole, pescado a la talla y parrilla de mar y tierra; además de tortas de arrachera, chamorro, pollo y quesillo, ¡un festín de grasa que exige el ‘té’ de mezcal! Un objeto que llamó nuestra atención es una bellísima

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Polanco

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