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Arturo Ortiz-Struck

Arquitecto, urbanista y académico

Foto: Alejandra Carbajal

Difícilmente lo encontrarás en un acto público o en una protesta enardecida. Su labor es más cercana a la academia y quizá más efectiva. Con la hipótesis de que los procesos de producción de una ciudad definen a sus espacios físicos, Arturo se ha aventurado a hacer investigación de campo en lugares como Chimalhuacán.

Forma parte de una generación de arquitectos y urbanistas que, mediante su crítica, han logrado el rescate del espacio público. "El DF tiene un plan urbano que busca una ciudad vertical, con comercios, usos mixtos, bicicletas, pero el mundo es más heterogéneo que la Condesa. Funciona para las ciudades que se construyen a partir de los estilos de vida, pero las ciudades tienen que estar pensadas en las dinámicas de la gente. Se ha dado un aburguesamiento de la ciudad, cuando no todos tienen el poder adquisitivo para vivir de tal manera".

Ese tipo de ciudad a la que se aspira es sólo para ciertas personas, quienes por lo menos son sujetos de crédito. "Hay más de 10 millones de créditos para casa habitaciones, pero hay una parte importante que no tiene este derecho y recurren a la informalidad". Son, a final de cuentas, estos asentamientos irregulares los que terminan por definir gran parte de la mancha urbana.

Mediante los estudios realizados, principalmente en el área de Chimalhuacán, ha encontrado que los métodos de autogestión, como las cooperativas, son una manera más sana para que la gente se haga de su casa.

Quienes sí tienen acceso a un crédito hipotecario, falta ver si les alcanza para vivir cerca de su lugar de trabajo, que generalmente están hacia el centro de la ciudad. Arturo ha señalado los serios problemas de movilidad que esto provoca, aunado a contaminación, estrés y baja calidad de vida de las personas. Los señalamientos son muchos.

"Mientras concentramos el empleo, esparcimos la vivienda. No hay congruencia entre los planes urbanos del Estado de México y del DF. Se ha perdido la capacidad de ejercer los derechos de muchas personas y eso tiene consecuencias en cómo deciden hacerse de una casa: por la informalidad. 60% del territorio del país son asentamientos irregulares".

Sin embargo, Arturo no se queda en la crítica. Como fruto de sus estudios con la Universidad Iberoamericana, llegó a la conclusión de que la mayoría de los asentamientos irregulares fueron construidos por personas que en promedio no estudiaron más allá del segundo año de secundaria. Es decir, que no tienen el conocimiento básico para una mejor construcción ni planeación urbana. Su iniciativa: que la educación primaria incluya parte de estas habilidades de construcción.

Es una manera eficaz de garantizar el derecho a una mejor vivienda. Precisamente en torno a este tema, trabaja en una propuesta para presentarla ante la SEP.

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