Carlos Amorales. Germinal

Arte, Instalación
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Carlos Amorales. Germinal
Cortesía Carlos Amorales y kurimanzutto

¿Qué pasa ante la ausencia de un lenguaje no verbal? Uno de los artistas mexicanos más relevantes de la escena contemporánea internacional, Carlos Amorales, se preguntó esto y el resultado fue inventar un lenguaje, a partir del que dio un giro o "un quiebre", como llama él a su producción como artista.

Carlos Amorales no pretende seguir una misma línea o estilo reconocible. Del performance de luchadores en el museo Tate Modern en Londres, pasó a hacer una disquera (Nuevos Ricos) y luego a la serie de animaciones que dieron la vuelta al mundo, pero sus últimas investigaciones han ido en torno a la comunicación, los códigos de escritura y la abstracción. A partir de ahí se conformó su más reciente muestra hecha ex profeso para el Museo Tamayo, una que explora nuevos lenguajes y formas de expresión con 12 piezas curadas por Magnolia de la Garza.

Nuevo alfabeto

Las imágenes de su Archivo Líquido (la base de datos de imágenes vectoriales que reunió durante 10 años) se redujeron hasta convertirse en signos caligráficos o pictogramas, cada uno asignado a una letra del alfabeto. Con este lenguaje propio, Amorales articuló algunas de sus piezas más recientes: la "traducción" de un cuento de Bolaño y los "diálogos" de una fotonovela.

Hay dos momentos históricos que permean la exposición. Primero, el terremoto de 1985, en donde la falta de respuesta del gobierno dio paso al resurgimiento de la sociedad civil. Germinal, por ejemplo, es el nombre de una de las piezas que refieren a ese hecho, es un periódico con imágenes del temblor y textos anarquistas. De ahí toma la idea de un caos que deviene en creación, hilo conductor de la exposición.

El otro momento es la actual espiral de violencia relacionada con el narcotráfico, en donde las imágenes de la prensa generan miedo "y gran incomprensión". Con fotografías de ejecutados armó una fotonovela titulada La lengua de los muertos. "Es una fotonovela imposible porque la gente que sale ahí ya no vive", explica el artista. En los globos de diálogo insertó su lenguaje caligráfico para reforzar la idea de que la violencia es algo incomprensible.

Sonidos caóticos

La música es otro de los aspectos que están presentes en esta exhibición. El punto de partida fue conocer a un músico de Guatemala (Joaquín Orellana) quien inventó una serie de instrumentos y un lenguaje propio para tocarlos. "Es alguien que ha vivido 40 años con estos lenguajes pero es un artista muy desconocido", comentó Carlos.

Ese encuentro también inspiró a Amorales a realizar una instalación que ocupa la sala principal y que está basada en los móviles de Calder pero en lugar de esculturas, tiene címbalos (instrumento musical muy similar a los platillos), listos para interactuar con el público del museo.

"Esta pieza es como un sismógrafo, un registro del humor del público. Cada quien lo toca como quiere, hay quien lo hace muy sutil; otros hacen un desmadre. Es una pieza que flota, está como suspendida y eso puede generar un caos o un momento sublime”, dijo Carlos al presentar la muestra.

Por otro lado, el artista experimentó con el lenguaje cinematográfico en la película Ámsterdam. Filmó 36 horas de material con dos actores en su estudio y a partir de eso creó una especie de ficción abstracta donde, más que narración o historia, hay situaciones y personajes que recurren al lenguaje corporal para expresar distintas emociones.

Si bien no es un producto para cines, vale la pena sentarse los 25 minutos que dura el cortometraje y estar abierto a apreciar una forma distinta de lenguaje audiovisual.

“En el momento en que finaliza el lenguaje escrito o hablado, surge otro tipo de lenguaje, más corporal, animal; más emocional”, dice Carlos.

Por Cynthia Arvide

Publicado

Sitio web del evento http://museotamayo.org/
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