Cinco variaciones de circunstancias fónicas y una pausa

Arte, Textiles
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Cinco variaciones de circunstancias fónicas y una pausa
Tania Candiani/ Laboratorio Arte Alameda

En una época en donde nos acostumbramos rápidamente a ejecutar acciones mediante comandos de voz (“Siri, ¿cómo está el clima hoy?”), y nos parece normal que las máquinas "conversen" con nosotros, el proyecto de la artista mexicana Tania Candiani, comisionado ex profeso para el Laboratorio de Arte Alameda, se inscribe como una reveladora experiencia que pondrá al espectador a desafiar sus hábitos y expectativas de las máquinas sonoras, la codificación y la narrativa.

El eje conceptual de la exhibición titulada Cinco variaciones de circunstancias fónicas y una pausa se articula "a partir de acciones poéticas en torno a las máquinas, el lenguaje, la escritura y la codificación" según la curadora Karla Jasso, y está basada en una investigación "insondable sobre las máquinas parlantes, los instrumentos de reproducción del sonido y el habla, que desencadenan a su vez preguntas en torno a la narrativa, el argumento, el sonido de la escritura, los métodos de lectura, hasta llegar a la complejidad de los sistemas de codificación, transcodificación, el encriptamiento del lenguaje y la confesión".

Como resultado de sus observaciones, la artista inventó cinco aparatos que se alejan de los iPods y los smartphones y, en cambio, recupera instrumentos sonoros clásicos como la pianola, el órgano o el campanario, pero reinventa sus capacidades, los ubica dentro de un contexto inesperado y de esa forma adquieren una nueva función, reinterpretando el diálogo entre voz que narra y máquina que escucha.

La instalación de pianolas, por ejemplo, consiste en cinco vitrinas donde se pueden escuchar melodías y al mismo tiempo leer la letra de cada canción. También hay un órgano, pero ha sido transformado en una máquina parlante: el público escribe en un teclado cuyas teclas está conectadas a una pipa que baja al vestíbulo, donde se podrá escuchar el mensaje.

Varias de las piezas hacen referencia a diversos oficios, como en la titulada “Historias sonoras”, donde cuatro sonidistas invitados partieron de novelas gráficas de ciencia ficción mexicana para contarlas solamente mediante sonidos incidentales. Estas historias se escuchan dentro de cúpulas con sonido envolvente, al mismo tiempo que se ve en una pantalla la descripción de cada uno de los objetos y acciones que se utilizaron para crear los sonidos. Mediante un ejercicio sinestésico, el público explora la posibilidad narrativa a través de atmósferas sonoras y contrasta las imágenes mentales asociadas a un determinado sonido.

Otro oficio que retoma Candiani es el del escribano, quien vive de teclear lo que otros quieren decir, sea una tesis, un acta o una carta de amor. El escribano escucha y "traduce" el mensaje de manera instantánea. Para la pieza de “Pausa”, un video de doble canal, la artista invitó a varios escritores mexicanos, entre ellos Alberto Chimal, Mario Bellatín y Guillermo Fadanelli, para trastocar su propio oficio. Mientras que una cámara se concentra en su manera de contar la historia -sus gestos, sus movimientos, sus descansos- ellos cuentan historias para que el escribano las transcriba.

Al recorrer la muestra se siente una atracción por revelar algo de uno mismo, al tiempo que se ‘para la oreja’ para captar los secretos o mensajes de los demás. Esto sucede más obviamente con “La Bordadora”, que está programada para “escuchar” y bordar las historias o secretos que los visitantes susurran en tres confesionarios. No lo borda textualmente, sino que lo encripta como una representación gráfica en tag (caligrafía de grafitero). Estas confesiones alimentan al campanario intervenido con bocinas el cual, a su vez, añadirá a la textura sonora de la ciudad.

Las cinco variaciones y una pausa requieren de un público participativo, abierto a escuchar sin prisa y a contar una historia. En coherencia con la visión del Laboratorio Arte Alameda, que busca estudiar la relación arte y tecnología, la obra de Candiani no es contemplativa: más bien es un experimento muy pensado y bien ejecutado, que sólo se completa con la interacción humana.

Por Cynthia Arvide

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