Circuito abierto: dos experiencias editoriales

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Circuito abierto: dos experiencias editoriales
MUAC

¿Se puede ser artista contemporáneo sin exponer en museos, vender en una galería privada, recibir del Estado becas para creadores, o pasar por alguna otra de sus instituciones culturales? Si esta autonomía radical pareciera difícil de lograr en pleno siglo XXI—donde los blogs, redes sociales y otros medios cibernéticos conectan a cada vez más creadores y permiten plataformas alternativas para la distribución de su obra—en las décadas de los setenta y ochenta del siglo XX, esta autonomía era una posibilidad francamente lejana. Resultaba aún más remota en un país como México, en donde la creación (y exposición) artística, si bien había recibido apoyos generosos del nacionalismo revolucionario priísta, también estaba fuertemente centralizada y controlada por las instituciones estatales, y donde estos apoyos privilegiaban a aquellos artistas cuyo mensaje sintonizaba con los de la narrativa oficial.      

La exposición Circuito abierto: dos experiencias editoriales en el Fondo Felipe Ehrenberg, curada por Magali Lara y Martha Hellion para el Centro de Documentación del MUAC, se enfoca en la creación de libros de artista y editoriales independientes como una estrategia, radical en su momento, que varios artistas, encabezados por Felipe Ehrenberg (Ciudad de México, 1943), emplearon para romper con las instituciones estatales y buscar una alternativa de exposición y distribución a partir de la década de los setenta. La exposición explora dos momentos fundamentales: el primero, la fundación de la editorial independiente Beau Geste Press en el Reino Unido, país al que Ehrenberg emigró en 1968 como reacción al autoritarismo del PRI; el segundo, el regreso de Ehrenberg a México y la transmisión de esta experiencia editorial, por medio de cursos y talleres, a varios artistas y colectivos que buscaban una alternativa a las instituciones estatales durante las décadas de los setenta y ochenta.

El recorrido nos lleva, sin embargo, a otra pregunta, quizás más interesante: ¿puede un libro, como tal, ser una obra de arte? A medida que el arte contemporáneo se volvía cada más abstracto y la línea entre lo que era y no era arte se desdibujaba, varios artistas comenzaron a experimentar con soportes físicos no tradicionales. El arte perdía de manera vertiginosa la materialidad de la pintura y la escultura, quebraba las barreras entre distintas disciplinas (particularmente entre las artes plásticas, escénicas y la literatura), incorporaba elementos de la vida cotidiana que habitualmente se consideraban triviales, y otorgaba una importancia inusitada al proceso y a la acción, en vez de la pieza terminada.

En este contexto, el libro de artista surgió como una nueva plataforma que permitía desmitificar la condición sacra del arte, sobre todo en su condición de pieza terminada; estas ediciones generalmente enfatizaban el proceso creativo, mostrando las diversas fuentes de inspiración del artista, e incorporando elementos de la vida cotidiana como recortes de periódicos y revistas, notas y fotografías personales, diálogos con otros artistas o escritores, etc.. Las publicaciones de artista, generalmente de tiraje reducido, también permitieron una nueva plataforma de arte experimental y conceptual, sobre todo al explorar las posibilidades del lenguaje como arte visual y propiciar acercamientos al texto no necesariamente narrativos. Más importante aún, estas piezas convertían al artista en el creador, gestor y editor de su propia obra, sin tener que pasar por instituciones culturales oficiales, ni sujetarse a los criterios del curador, del galerista o el editor tradicional. En palabras del propio Ehrenberg: “queríamos compartir nuestras ideas sin censura ni trabas, y buscábamos sin excepción llegar a las manos de la gente de manera directa, con el menor número de intermediarios posible”.

Así, para la década de los sesenta y setenta, el libro de artista se volvió un método privilegiado de creación, sobre todo para aquellos artistas politizados que muchas veces trabajan en la delgada línea entre el arte y el activismo. Estas publicaciones, como los folletos de la militancia política, eran fáciles de distribuir y diseminar alrededor del mundo, sin tener que pasar por las instituciones oficiales culturales ni sujetarse a las demandas del caprichoso mercado artístico.

Un aspecto fundamental de esta experiencia editorial, muy bien representada en Circuito Abierto, fue precisamente la del trabajo colectivo. En contra de la idea del “artista genio”, aislado en su torre de marfil, Ehrenberg privilegió desde muy temprano el trabajo colaborativo sobre el individual. Trabajar en grupo, en colectivo, era la única manera de hacer frente al aparato burocrático estatal, cómplice de las peores prácticas del PRI. Desde su llegada al Reino Unido, donde compra el primer mimeógrafo (mostrado en la exposición) y comienza su producción editorial, Ehrenberg trabajó en colaboración con varios artistas, la mayoría de ellos cercanos al Fluxus, y continuó haciéndolo a su llegada a México, donde participó en varios colectivos (como el estridente Proceso Pentágono). La organización colectiva era, sobre todo, una postura moral y política: contra el individualismo burgués, contra el aparato estatal, y en favor de la acción sobre aquella concepción del arte como aislada del contexto político en el que surge, se distribuye y se muestra.

La exposición consta de una colección rica de ejemplares editoriales que Ehrenberg y varios artistas allegados crearon, tanto en México como en el Reino Unido. Pero, más interesante aún, saca a la luz varios folletos, documentos de trabajo, notas personales, fotografías, revistas e instrumentos del archivo de Ehrenberg, hospedado en el Centro de Documentación del MUAC. Así, esta exposición pone sobre la mesa una última pregunta: ¿puede un archivo—en vez de un simple cúmulo de legajos y papeles empolvados, atractivos sólo para el historiador—volverse una exposición sugerente e interesante para un público extenso? Circuito abierto muestra que puede serlo bajo una buena curaduría, y que la narrativa expositiva de un archivo puede verse infinitamente nutrida de documentos a los que el público generalmente no tiene acceso en una exposición tradicional. Así, a pesar de ser una muestra pequeña y a una escala más bien íntima, Circuito abierto logra poner de manifiesto varias preguntas que resultan provocadoras para el establishment del arte contemporáneo: desde nuestra idea de qué es y qué no es una exposición de arte, hasta las posibilidades de sobrevivir como artista sin pasar por las instituciones culturales tradicionales. Tal vez hoy, frente a los múltiples blogs, páginas de artistas y otras plataformas que permite Internet, los libros de artista no sean ya una estrategia radical; sin embargo, la pregunta de cómo crear redes alternativas de distribución de arte e ideas parece ser más vigente que nunca.

Por Sara Hidalgo

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Teléfono del evento 5622 6972
Sitio web del evento http://www.muac.unam.mx
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