Cordiox

Arte, Instalación
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Cordiox
Foto: Cortesía Laboratorio Arte Alameda

La pieza Cordiox de Ariel Guzik es una generosa invitación a la contemplación.

Esta pieza se presentó primero en Laboratorio Arte Alameda y ahora llega al Palacio de la Escuela de Medicina. En una pequeña sala se encuentra Cordiox: un imponente instrumento de cuerdas de cuatro metros de altura con un cilindro al centro de cuarzo puro fundido y tres arpas interdependientes alrededor, conectado a un sistema de controles y circuitos contenidos en un bello y anacrónico mueble de caoba, con botones que emiten luces rojas, verdes y naranjas.

Dicho de manera (quizá demasiado) simple, la pieza traduce la energía del espacio en sonidos armónicos. Explicado por Guzik: “Se trata de un círculo virtuoso de eventos vibratorios derivados del ruido residual térmico-electromagnético del entorno”.

“Cordiox es un instrumento que bien pudiera haber sido creado en la segunda mitad del siglo XIX”, dice Guzik sobre su obra, la cual representó a México en la 55 Bienal de Venecia con mucho éxito. Es cierto, este fabuloso artilugio, resultado de años de investigación, evoca algo salido de una película de ciencia ficción o de aquella época en la que los grandes inventores como Nikola Tesla estaban en su apogeo. Guzik es un inventor.

Su constante análisis de los lenguajes en la naturaleza lo han llevado a crear instalaciones que dialogan –literalmente– con el entorno (revisa su pieza Concierto para plantas, una serie de cactus que emiten ondas y hacen sonar un laúd), y que generan una fascinación por los misterios del universo. Si no has ido, date una vuelta al Cárcamo de Dolores a conocer su Cámara Lambdona.

Después de admirar el objeto, recuéstate sobre un sillón, cierra los ojos y escucha. Simplemente hay que estar.

Por Cynthia Arvide

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