Ediciones ¡Joc-Doc! Nosotros, la banda

Esta editorial independiente estuvo comisionada por el Museo del Chopo para recopilar el material de su fanzinoteca, organizar una expo y un concierto de punk

Alejandra Carbajal


Vivimos en un mundo terriblemente tendencioso donde ya nada es lo que parece. Montones de individuos conviven a través de redes sociales tomando fotos de su comida, sus zapatos, de los boletos de los conciertos a los que van, pero nunca de sus rostros. El nivel de despersonalización es ridículo o ya debería considerarse normal. En Tumblr cualquiera puede ordenar fotos de peces o de paisajes bucólicos. Es un mal menor del mundo moderno, al igual que casi todo lo demás que ofrece Internet. Esa gran plataforma que prometía una nueva forma de expresión estética y personal terminó por convertirnos en unos perezosos. Hoy se requiere de muy poco para conseguir atención. En la música, en la literatura, en el arte y en todo lo que ahora está relacionado a esta cultura de desecho y consumo, jamás habíamos sido tan pobres de espíritu y esa pobreza jamás estuvo tan expuesta como ahora.

Siempre me han gustado los cómics. En algún momento abandoné a los superhéroes para hundir las pezuñas más abajo. Ello me llevó directamente a los fanzines. Durante los ochenta y noventa se produjeron toneladas de ellos en México, algunos más legendarios que otros. Los había de distintos temas, especialmente de punk, pero también de literatura, de dibujo, de fotografía e, incluso, de pornografía (pienso en Pelos de Cola, de Carlos Jaurena). Luego empezaron los blogs y mucha de esa gente se mudó a Internet. Fue de mal en peor y ya sabemos cómo termina la historia, justo como empieza este artículo.

Página Oficial Joc Doc


En México recientemente explotó un inexplicable furor por la ilustración. En la mayoría de los casos inspirada en lo "bonito"; o sea, postales de un mundo fantasioso y tan dulce a la vista que daban ganas de vomitar: gatos, unicornios, seres afeminados, colores pastel, mensajitos cursis inspirados en frases de Eternal Sunshine of the Spotless Mind. Toda esta iconografía pareciera tener la única utilidad de ilustrar tazas destinadas a ser fotografiadas con filtros de Instragram.

Como consecuencia, abrieron tiendas de diseño, como Gurú o Vértigo, que nos mostraron sus talentos y catálogos. Aquello no parecía más que la extensión de sus despachos de diseño gráfico, porque eso que vendían era diseño con disfraz de arte, una clase de ejercicio de compraventa sin sustancia que empieza a resultar más cansado de lo predecible.

Siempre hay que escarbar profundo para encontrar lo que realmente resplandece. Es hundiendo las uñas en la inmundicia y dirigiendo la mirada a donde pocos se asoman en donde se haya lo privilegiado, lo auténtico. En México hay nombres a subrayar, como Francisco Blanco Hernández, Mongo, Gerardo Monsiváis, Mou y Edwin Sandoval. Luego están todos los demás: sujetos que te dibujan con cara de zombi por una módica cantidad de dinero, chicas que se hacen llamar tamalito de jocoque, ranitas, caritas felices, basura de la mala. Del lado de la buena basura, la que humea con un hedor delicioso, está Ediciones ¡Joc-Doc!

Esta editorial nace como un espasmo por hacer un tipo de ilustración y cómic brutos y directos, de trazo salvaje. Editan a la más pura tradición de los fanzines de toda la vida, estética DIY, el trabajo es casi artesanal y va salpicado de sudor y saliva. Suman más de 30 publicaciones, los temas son fácilmente reconocibles por cualquiera que haya vivido en México, y cuando decimos México no nos referimos al circuito Roma-Condesa, sino a la Morelos, Tlalnepantla, Chalco, Nezahualcóyotl y demás zonas de nuestra geografía urbana. En las páginas de estos fanzines vemos reflejados a toda clase de personajes y situaciones: a los que odiamos e incluso lo que odiamos de nosotros mismos, como la raza cómica que habita la región más transpirante, una nación podrida y achaparrada de espíritu.

Alejandra Carbajal

Me reuní con dos de los principales responsables del proyecto, Yecal Disaster y Abraham Díaz, en el Salón Madrid. El primero es un dibujante oscuro y claustrofóbico que aborda los temas conocidos: violencia, abuso, borrachos homosexuales, indígenas abusivos y sanjuderos. El segundo es un sociópata de trazos disparatados que ha realizado el mejor retrato de Vicente Fox del que tenga memoria, de su autoría es uno de los volúmenes más brillantes de la editorial (Zona marginal).  Son de los nuestros.



¿Cómo se conocieron?
Abraham Díaz (AD):
Conocí a Yecal chupando en la ENAH y después de cotorrear unos meses le pedí que hiciera unos monos para el primer zine que hice y que se llamó Asalto mental. A Chacho lo conocí en un congreso de diseño en la Facultad de Artes Visuales de Monterrey, y a Apolo en una exposición horrible en una casa en Madero 45, en el Centro, se llamó Juventud drogada.

Yecal Disaster (YD): Organizamos esa mamada y sirvió como catalizador de esa escena pequeña. Pensamos que iba a ser un coto en donde íbamos a jalar parejo todos. Terminó siendo un espejismo y cada quien siguió por su lado, pero sirvió para conocernos mejor entre todos los colectivos y editoriales que hacemos cómics. Nosotros seguimos tratando de funcionar como una cooperativa.

¿Qué tal el festival de fanzines que organizaron junto con el Museo del Chopo? Fue medianamente histórico.
YD:
Enrique Arriaga, el encargado del archivo del Museo del Chopo, nos contactó porque le gustaba nuestro trabajo. De algún modo pensó que representábamos de manera más fiel el espíritu de los fanzineros. Tenía la idea de crear una fanzinoteca y el hecho de que la UNAM lo auspiciara le daba cierto tipo de seriedad. Hay que decir que hay varias fanzinotecas en el DF, algunas en okupas y otras en lugares culturales alternativos, pero la del Museo del Chopo es la primera en existir en esas esferas. Se nos encargó una muestra de fanzines mexicanos e intentamos ser lo más estrictos. Incluimos a los que consideramos que tenían éticas de trabajo. Otra parte del proyecto fue la creación del zine SubNRMAL, del que editamos mil copias y se distribuyó de manera gratuita. Hay que señalar que no vimos ni un peso de nada de esas cosas, porque por ahí salieron mamilas a llamarnos "incongruentes", porque nos habíamos instalado en un nicho cultural donde nos hacían favores y no sé qué, el león cree que todos son de su condición. Otra cosa muy graciosa que pasó es que, a propósito, dejamos fuera a mucha gente que sabemos que hacen zines sólo porque "volvieron a estar de moda". Fue nuestra forma de especificar que no pertenecen, que lo hacen por moda y que nos damos cuenta de ello.

¿Sienten algún respeto por algunos dibujantes o colectivos que estén haciendo fanzines en México?
YD:
Sí, por Mou. Aunque ha tenido que ver con muchas madres que nos cagan, se ha mantenido real y les ha dicho en la jeta todos sus defectos a los de Nrmal, ha roto lazos con mucha gente de mierda. Por Inés, porque ella, sin proponérselo, nos motivó mucho a clavarnos en el cómic underground actual. Aunque su estilo es muy ñoño nos dio varios nortes chidos. Los cuatro de ¡Joc-Doc! creo que estamos en el mismo canal. Edwin Sandoval también me gusta.

AD: En lo personal creo que sólo siento respeto por Inés Estrada y el Mou, el resto de editores, de Cráter Invertido o Ediciones Acapulco, me parecen un tanto oportunistas. 


 

¿Qué clase de artistas los han llevado a hacer lo que hacen?

Yecal Disaster

Me ha influenciado mucho Nazario, Mike Diana, Nick Bougas y los moneros políticos mexicanos. También Robert Crumb, Spain Rodríguez, S. Clay Wilson y todo el movimiento Comix.

Abraham Díaz

Depende mucho de lo que tenga que hacer. Por ejemplo, ahorita ando haciendo unas madres medio de ciencia ficción y ando clavado en esa clase de estética, en la forma de dibujar y de entender la luz del Charles Burns. Me gusta mucho Léo Quievreux y Benjamin Marra. También estudio a Bruegel, el Bosco, Alfred Kubin o Boris Artzybasheff  para entender mejor cierta composición.



¿Se sienten lejos de cualquier escena actual en nuestro país?
YD:
Seguir por este camino extrañamente te hace de un chingo de enemigos, porque todos creen que los estás cuestionando cuando en realidad todo lo que decimos es "déjennos en paz, no nos interesa". Es como cuando los agentes de Hank Scorpio le ofrecen trabajo a Smithers y él dice "¿qué ya no puede uno caminar tranquilo sin que le ofrezcan trabajo?".

¿En qué les gustaría que se transformara ¡Joc-Doc!?
AD:
En una editorial con la que pudiéramos publicar cosas más especializadas, tanto de nuevos chavos que anden aquí dibujando como en otras partes del mundo. Siempre con la onda DIY, pero con mayor calidad. Estaría chido que creciera el interés en la autoedición, que pasara de ser una modilla a lo que es, una forma en que la banda pueda expresar sus ondas de forma inteligente sin tener que andar mendigando atención ni perdiendo la dignidad.

YD: Queremos producir a una escala más grande y ayudar a construir una escena más grande... y que los posers se vayan a mamar la chichi de Alderete.

Alejandra Carbajal

Pregunto más pero ya no importan las preguntas, menos las respuestas. Bebemos, hablamos de otras cosas y decidimos irnos a mi casa a seguir bebiendo. Escuchamos a Gary Numan, a Malaria!, a Hombres G, a Zero Boys, a Astronauts. Ponemos los fanzines sobre la mesa, les echamos un vistazo. Fumamos, nos seguimos riendo de todo y de todos. Me preguntan cómo quedará la entrevista, les digo que será un desastre, que no nos preocupemos por eso. ¿No se sienten realmente estafados? Deberían.