Edvard Munch: Simbolismo gráfico

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Edvard Munch: Simbolismo gráfico
Edvard Munch (1863-1944). Dos personas. Los solitarios, 1899

“El grito” de Edvard Munch -titulado en realidad “El grito de la naturaleza”- se ha convertido en una de las obras de arte más icónicas de la historia -y la más cara que se ha vendido en una subasta- porque es un sentimiento al que cualquier persona se puede relacionar: ese poderoso lamento mudo es quizá la perfecta representación de la ansiedad por la que indudablemente pasamos en algún momento u otro de la vida, y la pregunta constante de nuestra existencia en este mundo. Aunque la pieza no se encuentra en la retrospectiva que se exhibe en el Palacio de Bellas Artes en colaboración con el MoMA, la muestra deja ver que el sentimiento no es exclusivo de ese trabajo, sino una constante a lo largo de la obra de Munch. Los grabados de la serie “La niña enferma”, por ejemplo, o  “Cabeza de hombre oculta en cabellos de mujer”, denuncian la perversidad de un hombre acechado por la enfermedad de sus seres queridos (su madre y una de sus hermanas murieron de tuberculosis cuando él tenía ocho años, y a su hermana favorita, Laura, le diagnosticaron trastorno bipolar), pero a la vez de alguna forma obsesionado por las dolencias mentales, lo que lo llevó a ir a escuchar los gritos de las mujeres en el psiquiátrico de algún lugar en Oslo, Suecia. El trabajo de Munch está lleno de constantes: las tintas diluidas en esos cielos nórdicos, el uso específico del color en algún detalle, las expresiones, la sensualidad, la tristeza y la desesperación son recursos que utiliza una y otra vez, pero cada vez el dolor y la fragilidad se sienten frescos, haciendo que sea extremadamente fácil relacionarse a cada una de sus obras.

Por Begoña Irazábal

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