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El bibliómano ignorante

Reseña del nuevo libro de Luciano de Samósata

Un hombre rico, de Siria, pasaba buena parte de su tiempo cuidando los muchos libros que poseía; les procuraba tapas elegantes para que lucieran espléndidos y los acomodaba y reacomodaba con muchísimo empeño. Esos libros resguardaban las más grandes y lúcidas creaciones de los antiguos pensadores y filósofos anteriores al siglo II d. C. Del hombre se decía que era un  orador como pocos, que sus discursos dejaban entrever que sus libros habían sido bien aprovechados. En realidad, quienes decían esta scosas, no eran más que aduladores de un bibliómano ignorante, ya que de cuantos tenía, no había leído ni uno.

Luciano de Samósata, más que criticar la bibliomanía vacía, pone de relieve los engaños a los que suelen recurrir aquellos que buscan pasar por lo que no son: los pretenciosos. Si bien algunos hombres  ricos de su época son señalados en el libro, no cabe duda que la temática del mismo aún pervive en nuestros días. A manera de carta, El bibliómano ignorante está dirigido "a quien le quede el saco" -como se dice.

Es triste darnos cuenta de que hay quienes compran libros coloridos para que combinen con su sala nueva o adquieren la enciclopedia X para impresionar a los amigos. Confinar un libro a la mesa de centro para que lo hojeen las visitas es tratarlo como mero objeto. Sí, lo es: pero el verdadero valor del libro se halla en su contenido más que en su apariencia. Los aduladores de los que habla Luciano son equivalentes a  quienes compran el nuevo libro de moda como se pueden comprar la bufanda de la temporada, ya sea por hacer caso al "letrado amigo" o para tener algo que decir en la sobremesa.

Para complementar dicha misiva, en una serie de diálogos bajo el título Si busca una vida buena, ¡compre uno de nuestros estilos filosóficos! cínicos, estoicos, pitagóricos y demás se ofertan; como si con esto sus conocimientos se transmitieran a los compradores. Por supuesto que es una sátira del modo de proceder de los pretenciosos que critica el autor sirio.

Como lo apuntó T. S. Eliot en "La tradición y el talento individual", cada uno va formando su propio canon literario, con autores de aquí y de allá. Aunque existan autores básicos, esto no quiere decir que sólo a través de ellos se deba ir por el camino de la lectura. A este respecto, el libro de Luciano resulta harto provechoso, mordaz y divertido. Esto último si es que no nos sentimos aludidos. Iván de los Ríos, quien hace el estudio introductorio a esta edición, lo llama "Woody Allen de la antigüedad" por el humor, a veces negro, a veces corrosivo, que se le puede leer. Más que comprar El bibliómano ignorante, hay que leerlo y luego guardarlo: en la memoria.

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