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Una genialidad caótica

Con la reciente publicación de su primer libro, Diccionario del caos, nos acercamos a este excepcional músico, locutor de radio, cabaretero y periodista para hablar sobre su predilección por la brevedad y la ironía

Foto: Alejandra Carbajal

La camisa de Fernando dice mucho de lo que es él: pedazos de tela de diferentes colores y texturas unidos en una prenda son la metáfora ideal de una persona que es un mosaico de inquietudes. El amor por las letras, la poesía, la música y su personalidad caótica también se transparentan en las hojas de su Diccionario del caos, su intento por reinterpretar la realidad y las palabras desde la lógica del desastre.

Dicen que cada libro mantiene oculta una historia detrás de su creación, este caso no es la excepción, la génesis del Diccionario del caos está ligada a la infortuna. Fernando trabajaba en otro texto, pero unos ladrones entraron a su departamento y robaron su computadora con todo y libro. "Mi editora, Marcela González, me sugirió que en lugar de reescribirlo, intentara otra cosa: '¿por qué no haces un diccionario?', cuando me dijo eso, fue como una palabra mágica porque detonó muchas cosas en mí. Quizás el primer libro que tuve en mis manos fue un viejo diccionario que tenía mi papá, es un libro que siempre me llamó la atención por su discurso tan inconexo y raro. No pude mas que caer en un vértigo de empezar a escribir definiciones y tratar de redefinir el mundo, cosa que resultó muy divertida y terapéutica; fue un trabajo de noches, iluminado por la música de Chopin y Satie".

Seis meses bastaron para que Fernando aterrizara todos esos conceptos que venía cocinando durante toda su vida. "Lo tenía escrito en mi cabeza y realmente no me costó trabajo bajarlo de mi nube mental al papel. Es un diccionario autobiográfico, personalísimo, íntimo, en el que también estoy contando mi vida. Es como un ejercicio de honestidad radical, disfrazado".

"Con el libro quería lograr el mismo efecto que te provoca salir del metro Chapultepec para después tener que caminar por un laberinto de puestos ambulantes, cada uno con su grabadora a todo volumen con un género distinto de música, y cada güey está gritando y te quiere vender algo distinto. Caminar por ahí es absolutamente abrumador y alucinante porque en realidad no escuchas nada. Ese caos y confusión de sonidos es más poderosa y no te puedes quedar parado ahí. Me gusta y me asusta. Lleva a emociones muy primarias, dan  ganas de correr, gritar o romper. Creo que así es la vida, en especial en la Ciudad de México. Veo mi vida laboral, mi vida amorosa, todo, como el pasadizo del metro Chapultepec, donde no sabes en qué parte termina el ruido y empiezas tú".

En este viaje literario se topó con el ilustrador Alejandro Magallanes, quien se subió al barco para ilustrar y dialogar con sus definiciones, "más que acompañar el texto, propone otro significado a mis palabras. El resultado es mucho mejor de lo que me pude haber imaginado".

Una clara influencia de esta obra es el Diccionario del diablo, de Ambrose Bierce, "lo adopté como mi libro sagrado mientras escribía, pero nunca pretendí hacerlo al margen de él, es mi mayor referencia de un diccionario humorístico e irónico. Siempre lo tuve a un lado, como un santito al que le rezaba mientras escribía el mío".

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