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Entrevista con Javier Toscano

El escritor nos habló de su libro Contra el arte contemporáneo, y de su crítica al mercado neoliberal

Foto: Livia Radwanski

Tumbona Ediciones aligera la era de descontentos con la Colección Versus, una línea crítica con toques de humor. Javier Toscano se une al equipo y lanza su crítica al mundo del arte contemporáneo y su entrada al mercado neoliberal. 

¿Cuál es el mayor problema de que el arte entre al sistema de producción capitalista? 
La explotación desmedida y la generación de desigualdades. El arte es uno de los pilares simbólicos bajo el que esas diferencias y el estatus que otorga la riqueza se justifica, se legitima. 

¿Crees que el mercado del arte obedece las reglas neoliberales?
Son reflejo el uno del otro. Lo curioso es que fue el arte, desde el Renacimiento, el que descubrió lo que el sistema de producción capitalista tardó hasta la segunda mitad del siglo XX: el nombre de marca. En el arte, como producto de élites, el nombre aseguraba un precio, un valor. Hoy, todo busca ir hacia la marca como referente. Calvin Klein, Louis Vuitton, Ferrari, Abercrombie, Nike, McDonalds, etc. Todo quiere volverse producto de deseo, símbolo del poder económico. 

¿Cuál es el papel de los apoyos económicos que el Estado otorga?
Ha habido buenos programas que buscan un desarrollo artístico y cultural. Pero cuando el Estado ha pretendido extenderlos, sólo se ha enredado. Así pasa con los apoyos a galerías, que es como ayudar al Palacio de Hierro o a Liverpool. O como el programa que mantiene la Cámara de Diputados, a discreción, a voluntad, sin reglas claras y como botín político. Todo esto se sigue de una falta de reflexión sobre lo que es la cultura y el arte, y sobre el papel que deberían de tener en la sociedad.

Entonces, ¿crees que es una mala política utilizar estos recursos en el arte?
Lo que es una mala política es que los objetivos de ciertos programas no sean claros y se utilicen los recursos a discreción. Al final de cuentas, es el dinero de todos. ¿Qué queremos que se haga con él? ¿Qué tipo de cultura nos imaginamos?

¿Por qué consumimos cosas que no dicen nada, pero cuestan mucho?
Por estatus. Mucho más en esta época.

¿Piensas que la influencia de internet y redes sociales haya aumentado este tipo de consumo y el valor de ciertas obras?
El internet es otro reflejo de nuestra época. Puede ser usado para discutir puntos importantes o para respaldar estructuras de significación con todas sus inercias y puntos ciegos. Hay muchas cosas que pueden agregar el valor de una obra, como pueden poner de moda una droga o una marca. Las selfies y las redes sociales son unas de ellas. Por eso Facebook vale tanto dinero: es un escaparate de símbolos que atiza el deseo y su consumo.  

¿Invertir o no invertir en arte?
Para el Estado, invertir inteligentemente en programas de largo alcance y de interés cultural amplio. Para los que pueden: suerte. Para los que no podemos ni queremos seguir creyendo en la excepción del arte: trabajo en tácticas de resistencia y resignificación cultural.

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