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Entrevista con Willy Kautz

En esta charla hacemos una inmersión en el reciente programa de artes visuales de Casa del Lago Juan José Arreola

Alejandra Carbajal
Willy Kautz

En esta charla hacemos una inmersión en el reciente programa de artes visuales de Casa del Lago Juan José Arreola, frente a la exigencia de estar imbuida en un complejo circuito de museos de altísimo tránsito, que van desde el arte contemporáneo internacional, el arte moderno, el prehispánico, la historia, lo popular; y mecanismos que entrelazan todas las dinámicas sociales. Para ello, comenzamos con la figura del curador.

Te conozco desde que fuiste curador en el Museo Tamayo, pero me gustaría que regresáramos un poco atrás, a tu formación.
Soy Historiador del Arte, empiezo oficialmente como curador de arte contemporáneo en el Museo Tamayo del 2001 al 2004. Luego hice trabajos independientes para diversos centros y museos por dos años, y después la maestría y doctorado en Barcelona en Estética filosófica y teoría del arte contemporáneo.

Aún es difícil explicar el arte contemporáneo, es una especie de crisis que puede ser positiva. ¿Te enfrentas ante tal dificultad?
Hablar de arte contemporáneo es hablar de algo que es indefinible. Es algo que estamos repensando continuamente, es el arte que se da en nuestro presente, y un campo que se viene desarrollando por más de cinco décadas. Las prácticas recientes nos hacen pensar dónde exactamente se encuentran las rupturas con los paradigmas anteriores; creo que en los noventa es cuando se empieza a dar con más claridad la relevancia de la figura curatorial como alguien que es un editor de la visibilidad que cobra el arte en este medio. Pensar la exposición, una historia de las exposiciones y una teoría de los modelos expositivos se volvió algo sumamente relevante y de ahí la importancia que se le dio a esta nueva figura de intermediario que tanto hacía falta para una práctica que ya no era tan evidente, que era opaca; que se aproximaba más a lo discursivo, a lo filosófico, que a la visualidad como algo evidente dentro de una manifestación cultural.

Te tocó una época dónde el curador cobró más relevancia que el artista, incluso la pieza, y entonces la exhibición se convertía en su discurso.
Hoy día hablar de la figura del curador ya no es como ese nuevo rol que se empezó a destacar dentro del campo del arte que generaba mucha sospecha, como cualquier otra figura que comienza a tener autoridad siempre genera sospecha. Las oposiciones curador-artista ya se diluyeron; también el curador ejerce una reflexión en torno a la exposición como medio, entonces aquello que se relegaba sólo al curador es algo que también hoy le pertenece al artista, a los teóricos e historiadores del arte, y todos los que estamos comprometidos con la formación de la visibilidad institucional del arte contemporáneo. Te hablo de visibilidad institucional porque yo me considero un curador institucional y entonces considero que la figura de la mediación del curador es muy relevante.

¿Cómo queda la figura del crítico?
Es importante: antes la crítica se refería exclusivamente a la obra de arte y ahora también se refiere al dispositivo de la exposición, si las decisiones de los formatos fueron correctas y cómo la selección de artistas y su presentación fue la correcta. El crítico siempre es un receptor especializado, no lo considero una persona que participe de manera literal dentro de la producción de la exposición o de la obra de arte, sino de una manera indirecta revisando categorías, criterios evaluativos respecto a lo que se produce y cobra visibilidad.

Llevas un tiempo en Casa del Lago analizando, proponiendo. ¿Cuáles son los retos, adolescencias, y cosas consolidadas que encontraste?
Casa del Lago cuenta con un programa bastante avanzado de seis años de programación en torno al arte contemporáneo, con exposiciones que habían sido relevantes o propositivas o con gente que está haciendo cosas relevantes dentro de este campo. Entonces no había que tomar algo desde cero, había que recalibrar todo este esfuerzo y reestructurarlo; jugar con lo intergeneracional, artistas extranjeros y nacionales, curadores jóvenes, primeras exposiciones individuales de artistas mexicanos también jóvenes. Lo que cambia en esta reestructuración es que ahora en lugar de pensar dentro de líneas temáticas se piensa a través de formatos expositivos, un modelo diseñado para pensar la exposición como una entidad crítica.

¿Cómo se pasa a esa línea, utilizar los formatos expositivos en lugar de las líneas temáticas?
Justo respecto al entorno, porque Casa del Lago es un centro cultural que inicia en 1959, que ha tenido buenas etapas, otras no tanto; un lugar que quedó un poco desfasado, quizás por la construcción de los otros museos del circuito de Chapultepec. [Por lo mismo], esta nueva etapa tiene que estar muy orientada al reposicionamiento de la Casa del Lago en ese circuito, y es el proyecto que tenemos para los próximos cuatro años: posicionarnos como un lugar heterogéneo, de vanguardia, de riesgo frente a otros perfiles muy claros como museos patrimoniales, con colecciones. Y son ventajas, tenemos un edificio histórico, con escalas particulares que permiten pensar más allá del cubo blanco común de la exposición de arte contemporáneo, y ser osados, atrevidos, no apostar por lo seguro.

¿Y sí existe un cuerpo de artistas, colectivos, personajes que arriesgan?
Eso siempre va a existir cuando hablamos de arte contemporáneo, esa es la expectativa. Y el deseo es satisfacer, incluso generar esa expectativa, que nosotros seamos ese lugar donde es posible. Desde que entré en Casa del Lago sentí que aquí todavía se puede ser arriesgado en el arte contemporáneo y dentro de la institucionalidad es posible pensar experimentos dentro del modelo expositivo, aun cuando ha sido alimentada desde los sesentas o setentas, aún se puede pensar en un modelo propositivo.

La Casa del Lago Juan José Arreola

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