Espejo negro

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Eugenia Vargas (Foto: Manuel Castillo)
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Foto: Manuel Castillo

Conocido como la danza de las sombras, el butoh surgió en Japón como una respuesta a las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial.

De acuerdo con la coreógrafa y bailarina Eugenia Vargas, esta práctica debe estar comprometida con una exploración personal para encontrarse con la propia existencia.

Producto del diálogo con el experimentado solista de butoh Tadashi Endo, la compañía Laboratorio Escénico Danza Teatro Ritual, dirigida por Eugenia, desarrolló la coreografía Espejo negro.

En esta pieza se mezcla la tradición oriental y la mitología prehispánica, como el viaje de Quetzalcóatl al Mictlán (el lugar al que llegaban los muertos).

“A Tadashi le interesa trabajar desde los orígenes de cada sitio que visita. No le agrada montar obras de repertorio, sino partir de la esencia del lugar y la singularidad de los intérpretes”, explica la directora.

Para comenzar este montaje, Tadashi Endo hizo una pregunta a las cuatro bailarinas de la compañía: ¿qué es México?

Las respuestas que recibió derivaron en la palabra “fisura” y ahí comenzó el trabajo para la selección de los movimientos, que en la danza butoh son casi imperceptibles.

La idea de este montaje se puede traducir en japonés a la palabra wabi-sabi, que significa la huella que deja el tiempo sobre las cosas.

“Ese transcurso temporal permite ver la imperfección de los objetos”, comenta Eugenia.

El intercambio con la cultura mexicana se dio gracias a la cercanía de la danza butoh y las prácticas dancísticas de los pueblos prehispánicos.

Esta cualidad hace que el butoh, que nació como un símbolo de protesta, sea un patrimonio más allá de Japón.

Otra de sus particularidades es la transformación, casi en un sentido chamánico. El cuerpo del bailarín deja de ser el foco de atención y la importancia se concentra en aquello que lo hace danzar y moverse.

“La danza butoh no es una imitación ni un catálogo de movimientos. Es un canto a la vida que pasa a través del infierno para poder ver las estrellas.”

Por Silverio Orduña

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