Puro machín

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Javier Medellín (Foto: Cortesía Puro Machín)
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Foto: Cortesía Puro Machín
Sr. Calavera (Foto: Cortesía Puro Machín)
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Foto: Cortesía Puro Machín
Kamui Gomasio (Foto: Cortesía Puro Machín)
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Foto: Cortesía Puro Machín
Smithe (Foto: Cortesía Puro Machín)
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Foto: Cortesía Puro Machín
Tavo Montañez (Foto: Cortesía Puro Machín)
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Foto: Cortesía Puro Machín

Si juntas el trabajo de 30 machines ilustradores y lo pones en una galería obtienes como resultado una interesante exposición de arte. Aunque el proceso es más complicado de lo que suena, esta es la premisa de la que parte Puro machín. Óscar Rodríguez, curador de esta exposición, se puso la tarea de mostrar cómo la ilustración, además de ser una técnica, puede ser un arte plástico.

Al principio, podría parecer que el trabajo del curador es bastante aleatorio. La obra de esta treintena de hombres, aparte del sexo y el país de origen, parecen no tener nada en común. Los años de producción van desde 1977 hasta 1989, con temas dispares (las mujeres, el gandul, la vida en México, la muerte, la música, los robots). Sólo hace falta una mirada detallada sobre estas 30 piezas para encontrar lo que las une: la creatividad y el sentido estético.

Todas las piezas están presentadas en tres colores: blanco, negro y verde (como el de los marcatextos). Una mujer-diablilla pin-up que, con más tatuajes que ropa, posa para nosotros en la ilustración de Sr. Calavera, un artista del Estado de México. Incluso sólo con estos colores se hacen ilustraciones más detalladas como la de Kamui Gomasio, quien nos muestra un astronauta dinosaurio visto por una multitud de humanoides (también astronautas), o algo así.

Óscar Rodríguez construye un discurso interesante al reunir a estos ilustradores en las cuatro paredes de la Galería José María Velasco, demostrando el talento mexicano en esta materia y elevarla a un estado en el que es colocada muy pocas veces: el del arte.

Estés o no familiarizado con la ilustración, encontrarás en esta exposición un suspiro de lo que se presenta en la mayoría de galerías. Además, te harás a la idea de que no estaba muerta ni andaba de parranda, sino que la fiesta es perpetua porque la ilustración llegó para quedarse.  

Por Fernando Torres

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