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Toda la sangre, de Bernardo Esquinca

Una novela negra que retoma mitos prehispánicos y con un fuerte sabor al Centro Histórico

Trabajadores cavan en el patio de la Real y Pontificia Universidad dejando al descubierto un monolito. Alejandro de Humboldt, quien los supervisa, sospecha que se trata de la diosa Teoyaomiqui. Sabe que las antiguas deidades no podrían permanecer ocultas mucho más tiempo.

Casasola, reportero del Semanario Sensacional, trabaja de encubierto en un reportaje sobre vagabundos cuando se entera de que arrojaron corazones al Templo Mayor. Pronto nos enteraremos de la existencia de un asesino en serie -el asesino ritual, como lo bautiza esa sensacionalista publicación-, decidido a alimentar con sangre humana a los dioses mexicas para que retomen el control del destino de los hombres.

Esta novela es un retrato del Distrito Federal, del Centro Histórico, de tradiciones y costumbres. El relato es inteligente e irónico; muy bien redactado, tanto que cuando te das cuenta estás en las últimas páginas del libro. Quizá, un poco forzado al final para permitir otra historia de Casasola, pero se disculpa por la excelente prosa de Bernardo.

Toda la sangre
Bernardo Esquinca
Almadía, 2013

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