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Trancapalanca, de Élmer Mendoza

Libro de relatos breves donde se conjugan lo irreal y la simple fantasía

Élmer igual nos cuenta de un aficionado a los toros que en el tercer tercio se entera de la muerte de Julio Cortázar –su llanto coincide con la muerte del astado– que de un tal escritor Mendoza que es el azote de un capo de la droga. Algunos cuentos son extravagantes pero entretenidos; uno, obvio y trillado (Restaurante de camioneros), y los demás, sólo interesantes y amenos.

En su búsqueda, el autor juega con la redacción y omite comas y otras reglas de sintaxis, pero el resultado es legible y atrapa, sobre todo porque evita caer en los finales felices. Aunque con ello se aleja de lectores primerizos o aquellos que nutren su cerebro en el transporte público o ambientes bulliciosos, pues exige concentración, dedicación y paciencia.

A cambio, historias que quizá no quedan del todo claro en un primer instante, pero que regresan al lector en sueños o como reflexiones casuales cuando haces fila en el banco, por ejemplo. No tenía el gusto de conocer a este autor (como si leerlo significara conocerlo), pero tras refinar sus relatos breves se antoja acercarse a alguna de sus novelas.

Trancapalanca
Élmer Mendoza
Tusquets, 2013

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