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Entrevista con Fabrizio Cossalter de Ai Trani Editores

Platicamos con el escritor Fabrizio Cossalter sobre una nueva editorial que trae a nuestro país textos de grandes escritores italianos

Foto: Cortesía Fabrizio Cossalter

Ai Trani es el nombre con el que Fabrizio Cossalter, junto con su esposa Larissa,  emprendió hace varios meses un proyecto que deseó durante buena parte de su vida. Fabrizio lleva cerca de siete años viviendo en México, pero nació en Italia, en Padua, y su formación está ligada a esa ciudad del Véneto, bañada por las aguas de los ríos Brenta y Bacchiglione, en la que primero estudió Letras y luego obtuvo un doctorado en Historia.

El nombre de esta nueva editorial hace referencia a una antigua hostería cercana a la Universidad de Padua. La hostería Ai Trani era el lugar de las tertulias de la universidad; las mesas se llenaban de copas de vino y de discusiones y charlas entre alumnos y profesores. La editorial que ha fundado en la Ciudad de México invoca a ese espíritu de amigos que comparten la pasión por un mismo interés: la literatura y los libros. Edita libros únicos que Roberto Calasso y sobre todo Roberto Bazlen ―asesor editorial y fundador de una de las más importantes editoriales italianas― definieron y que generan experiencias irrepetibles y auténticas en sus lectores.

Nos vemos en su apartamento en la Condesa; sus perros Pozzo e Iskra me reciben con emoción y Fabrizio trae de su refrigerador un par de cervezas. La mesa de su comedor, en sustitución de la que podríamos ocupar en la hostería Ai Trani, es el lugar en el que esta entrevista tomó lugar.

¿Por qué fundar una editorial? Fabrizio menciona que el proyecto surgió para saldar una deuda, un compromiso que contrajo a la par que recibía la formación que tiene la suerte de poseer. Lo mismo que su labor como profesor en varias universidades y como crítico, la editorial es un canal a través del cual afronta la responsabilidad de transmitir conocimiento.

La editorial arrancó en junio con la publicación de un libro atípico, por su forma fragmentaria entre la narración, la poesía, la crónica y el ensayo, titulado Examen de conciencia de un literato. Escrito por Renato Serra, un crítico y escritor italiano convertido en teniente por la gran guerra de 1914, este título se integra por tres textos breves que escribió justo en el marco de su experiencia bélica. Pudiendo permanecer lejos de la línea de fuego, como lo hicieron muchos otros intelectuales, Serra prefirió pelear en las trincheras en las que finalmente encontraría su muerte en 1915.

Él sabía que la guerra no tenía ningún sentido, pero poseía la idea fija en su mente y su prosa de que compartía un destino colectivo. En el mundo lodoso, lleno de sangre y urgencias de las trincheras en que se padeció la Primera Guerra Mundial, Serra se enfrentaba a la pregunta del porqué de su oficio, de qué significa la literatura y  cuál es el papel en la realidad de quienes la procuran.

Foto: Cortesía Ai Trani

Para Fabrizio la importancia de este libro radica en su posible actualidad: "Serra se enfrentaba al mismo problema, trágico o cómico ―según se mire―, que nosotros: la falta de sentido y de unidad. Él es sin duda uno de los primeros intérpretes de esa crisis que Gianni Celati define como 'delirio de conciencia' de la cultura racionalista occidental que no hemos superado."

En el libro, Serra orienta su ausencia de sentido hacia lo que él llama "la religión de las letras": "Se trata de una búsqueda de la idea de una identidad a la que aspiramos a través de la lectura. La historia, ese cúmulo de escombros y ruinas,  nos aplasta y nos domina; la literatura tiene la posibilidad de permitir vislumbrar un sentido más allá del tiempo que pasa sin un significado claro. Es sin duda un extraordinario instrumento de conocimiento y de autorevelación".

Este año se cumple el centenario de la muerte de Renato Serra, quien perdió la vida al ser alcanzado por una bala a los 31 años; sin embargo, esta efeméride fue más bien una contingencia casual. Para Fabrizio el motivo verdaderamente importante para que el Examen de conciencia de un literato sea el primer libro que su editorial ha publicado es otro: "Para mí es un texto muy querido, lo tengo presente desde que me lo dio uno de mis profesores en mi primer año de universidad.

Además, nada de Serra había sido traducido al español, pero creo que mi esperanza estriba en que se pueda fomentar un cortocircuito, como un destello o un relámpago, la meta es poder volver actual un libro de hace cien años y que poquísimos lectores habían leído en México".

El libro de Serra es el primer paso para traer a colación algo de la tradición italiana, una genealogía literaria que ha llegado poco a México y cuando lo ha hecho, ha sido de manera descontextualizada.

En este sentido, la política editorial de Ai Trani Editores implica una mediación crítica: "Tanto la crítica literaria como la edición de libros abogan por producir la actualidad y la presencia de algo que cuando nació respondía a otras interrogantes y a otras sensibilidades estéticas. Esto a partir de la idea que plantea Giorgio Agamben de contemporaneidad crítica. Una contemporaneidad como resistencia, frente a las omnívoras capacidades para engullirnos que tienen el lugar común y el estereotipo, la enciclopedia de las ideas recibidas".

La tarea ideal de Ai Trani como editorial es "reconstruir y visibilizar genealogías, buscar estratificaciones perdidas; no se trata tanto del coleccionismo snob, sino de rescatar la capacidad potencial de alumbramiento que aún poseen estos objetos literarios que parecen habitar con dificultad este tiempo nuestro. En el contexto de México, la literatura italiana del siglo XX es de alguna manera una tradición oculta y merece la pena que deje de serlo", comenta Fabrizio.

Un poco en broma, le pregunto sobre sus influencias para crear este proyecto. Extrae varios textos del librero y busca en ellos pasajes específicos. “Hay una idea central, que es la del crítico como escritor y del escritor como crítico. Esto tiene una tradición muy importante en Italia y además es para mí una pasión personal irredimible". Toma un volumen de Escritos serviles, de Cesare Garboli (a quien se refiere como uno de los sumos críticos literarios italianos del siglo XX) y lee: "Existen, en mi opinión, los escritores-escritores y los escritores-lectores. El escritor-escritor arroja las palabras al espacio, y estas palabras caen en un lugar desconocido. El escritor-lector va a recoger esas palabras y vuelve a llevarlas a casa, devolviéndolas al mundo que conocemos. Es un espejo: el espejo gracias al cual el mundo sigue siendo el mismo y no se acaba nunca". Fabrizio afirma que esa idea originó su peculiar pasión por la figura de esos escritores-lectores, esos que desempeñan una función servil en el sentido más alto de la palabra.

El editor novel me cuenta de los planes de la editorial para el futuro. Me habla de colecciones ya diseñadas que habrán de llenarse de un buen número de autores italianos, unos muertos hace muchos años y otros que continúan entre nosotros. Sus planes delatan fe en esa religión que también profesaba Serra: la de las letras.

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