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Entrevista con Verónica Gerber

Platicamos con la ganadora del Premio Aura Estrada 2013 sobre su novela Conjunto vacío

Foto: Alejandra Carbajal

En ocasiones, las palabras no son suficientes. Hay situaciones en la vida demasiado cercanas, emocionantes o dolorosas que nos resultan imposibles de ver. Si no podemos advertirlas, ¿cómo podemos narrarlas? Eso mismo le sucede a Verónica, la protagonista de Conjunto vacío. "El nombre me funcionaba para el personaje por lo que significa, que es 'verdadera imagen'; es una contradicción, pues ella está buscando algo que no puede ver, pero trae en el nombre un supuesto llamado a la imagen".

La relación sentimental que tenía Verónica termina y ella debe volver a su hogar, el departamento familiar, habitado sólo por su hermano tras la desaparición de su madre cuando ella tenía 15 años. Esa ausencia es la que rige Conjunto vacío, que va desde la desaparición de las personas hasta la de las palabras: “la desaparición es un problema central en el libro. Por un lado, desaparecen las palabras y los diagramas toman su lugar. La desaparición de los personajes, sobre todo el de la madre es el agujero alrededor del que todo gira y, en ese sentido, se articula como una situación social e incluso política.

El libro explora la idea de las consecuencias del exilio, particularmente del argentino y su dictadura; hace que te preguntes qué pasa 10, 15, 20 años después con estos exiliados, que ya están en otro país, cómo se desarrollan sus vidas, cuáles son las consecuencias de un contexto social tan violento y terrorífico como el de la dictadura”.

Gerber también es hija de exiliados y de alguna manera toma cosas que le son cercanas, pero para tratar de entenderlas. “Al pensar las consecuencias del horror de la dictadura argentina, se puede pensar en lo que sucederá con nuestro horror mexicano".

Ilustración: Verónica Gerber

La comunicación es otra de las preocupaciones de la protagonista. Al comenzar una nueva relación, la manera en la que Verónica dialoga con Alonso es a través de correos electrónicos cifrados, que sólo ellos pueden desentrañar. "Para ella, el amor es encontrar una lengua común que solamente las personas involucradas hablan. Ellos están iniciando una relación y cada uno tiene su lengua secreta, son distintas. Como lector no tienes muy claro si se están entendiendo. Nos ayuda a repensar la forma en la que nos comunicamos y hasta dónde alcanzan las palabras. Por más que las des vuelta, las pongas en espejo, muevas las sílabas o juegues con acrósticos, están limitadas por quien las escribe. Eso hace que hayan equívocos y malos entendidos. Y que las cosas a veces pasen o no pasen".

Para explicar los huecos en su vida -como las rupturas amorosas y la ausencia de su madre-, Verónica juega con el lenguaje y traza diagramas de Venn que terminan reemplazando las palabras, pero continúan con su historia: "hay cosas que, si las cuentas, suenan muy mal. O muy cursis o muy bobas. El diagrama le permite a ella decir esas partes que le avergüenzan tal vez, o que no sabe cómo hacerlo. Como si mediante el acto de esquematizar pudiera quitarle las emociones. Pero al final el ejercicio resulta doloroso, aunque el dibujo sea sólo unas líneas que pareciera la van a librar de los sentimientos, muestra cosas que no podías ver de otra manera".

Ilustración: Verónica Gerber

Las ambivalencias entre lenguajes son un rasgo característico de la obra de Verónica Gerber. La visualidad y los textos verbales conviven, su multiplicidad es consonante, pero también, en su desarrollo, podría parecer que se llega a un momento en el que los procesos comunicativos se truncan. Sin embargo, a pesar de que existe una intención de “exiliar”, ya sea desde lo visual o lo verbal, tal como ella refiere, surgen nuevas posibilidades del lenguaje: “puede que se trunque, pero al mismo tiempo también se fundan otras formas de comunicación que tienen que ver para mí con, por ejemplo, utilizar estos diagramas apropiados de Venn para explicar cosas; que alguien que lea el libro pueda ver qué se está contando me parece que es entablar otro canal. Para mí tiene esa doble cara: llevar al límite el lenguaje y que se trunque, pero también, en el momento en que se trunca, se funda algo distinto que te permite ver desde otro lado distinto”.

Ilustración: Verónica Gerber

Puede ser que leer diagramas en un principio provoque una sensación de extrañamiento entre los lectores, pero Verónica Gerber tiene claro su objetivo: "todo lo que hago tiene que ver con despertar curiosidad, como un ser detectivesco que todos tenemos dentro. Me parece que las políticas mercadológicas del libro subestiman a los lectores. No nos vamos a entender mejor si no dejamos de subestimarnos. El autor no es más que el lector, sino que el lector es más importante. Es un riesgo también porque estamos acostumbrados a las cosas como son, pero hay que correrlo".

Verónica Gerber Bicecci, Conjunto vacío. Almadía, 2015.

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