Zona de riesgo

Arte, Arte contemporáneo Gratis
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Mirar el pasado puede iluminar el presente. 30 años después de que Carlos Aguirre presentara su primera exposición individual, regresa al Museo de Arte Moderno con Zona de Riesgo. El nombre de la exposición es congruente con la sensación de peligro inminente que provoca desde que pisas la primera sala.

La muestra agrupa 110 piezas, entre las cuales se encuentran varios de sus primeros trabajos.

La curaduría estuvo a cargo de Pilar García, quien propuso que las piezas se articularan de manera anacrónica. De esta manera, el artista nos invita a mirar en retrospectiva con la intención de reflexionar sobre temas como la contaminación, la justicia, la pederastia y la historia, ideas latentes tanto a nivel formal como discursivo.

La primera parte de la exposición se centra en el tema de la contaminación. Se integra por pinturas, instalaciones y móviles, hechos a partir de materiales como carbón, plomo, cadmio, partículas suspendidas y derivados del petróleo. Aguirre se vale de diferentes materiales para fabricar piezas que provocan escalofríos, como en Sin título, 1991, hecha a partir de una barra de acero que sostiene en cada extremo bolsas con cenizas humanas. Con su trabajo establece la relación de que aquello que produce el ser humano es lo mismo que provoca su muerte.

La sensación de peligro crónico en la muestra proviene del uso de elementos punzocortantes como cuchillos, machetes y hachas. En varias piezas fabricadas en 1993 y 1994, contrapone materiales como el acero y la madera, que representan la vida y la violencia, respectivamente.

Un aspecto que llama la atención en su obra es el uso órganos, huesos y cenizas humanas. Por ejemplo, una de sus instalaciones está hecha con pulmones con antracosis, suspendidos por medio de unos cables de acero sobre una caja de madera que contiene carbono.

Temas como la justicia legal se pueden apreciar en piezas como Estado de Derecho, instalación que está compuesta de una silla eléctrica suspendida por medio de cables de acero sobre fotografías de detenidos; y en Alianzas, en la que se exhiben fotografías de delincuentes o procesados sobre una caja de luz.

Aquí nadie se salva, al final de la exposición hay una sotana negra en la que el artista bordó los nombres de los padres pederastas que se conocen de México.

Los temas que toca Carlos Aguirre están presentes en nuestra sociedad como nunca antes. Sin embargo, la manera en la que los transmite, quizás, es la más acertada. Al final del recorrido, el espectador termina con una sensación de preocupación ante situaciones que afectan su vida diaria.

Por Pamela Magdaleno

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