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Entrevista con Marianna Burelli

Ante el estreno de la segunda temporada de Paramédicos, platicamos con la actriz de la serie

Foto: Donovan Quiroz

Para trazar un mapa del panorama de la actuación en México en nuestros días, no hay mejores topógrafos que los actores y actrices que lo reconfiguran con cada aparición. Ante este horizonte en construcción permanente y como preámbulo al estreno de la segunda temporada de Paramédicos, el 14 de agosto, platicamos con la actriz Marianna Burelli, quien interpreta en la serie a Natalia Velasco.

Desde tu experiencia como actriz, ¿cuál es tu perspectiva de la profesión?

Pienso que es una carrera que te encuentra, a veces sin que la busques. La veo como una profesión que tiene la capacidad de reflejar las múltiples caras que nos constituyen. A veces es extremadamente hostil, desafiante, compleja y, cuando es generosa, lo es de forma excepcional e inesperada.

¿Qué es lo que marcó tu formación como actriz?

En el camino han existido maestros e interpretaciones que me han marcado con un sentido absoluto de convicción. Tuve un maestro en mi escuela de teatro en Londres llamado Uri Rodner; tenía una necesidad de siempre evacuar la zona de confort. Fue una cualidad que me contagió y que procuro tener muy presente durante la preparación de cada personaje.

Tras pasar ocho años lejos de tu país, ¿cómo fue regresar a Latinoamérica y ver el panorama acá?

Latinoamérica evoca terruño, tiene mis raíces, mi corazón. Por mi entrenamiento y formación, nunca había actuado en español hasta que regresé a México en 2010. Creo que hay un lugar dentro de cada quien, en donde los sentimientos nacen y son traducidos a palabras por primera vez. Yo creo que la versión -en términos de lenguaje- más cercana al sentimiento mismo, en mi caso, es en español. Por ello la importancia del regreso.

El panorama laboral para los actores solía ser complicado, pues no hay mucha demanda, pero sí un gran número de intérpretes. ¿Crees que eso ha cambiado en los últimos años?

Creo que no tengo el tiempo suficiente aquí para comparar de forma objetiva. Sin embargo, he sido testigo de cómo se van ampliando las posibilidades a medida que vas trabajando. Es un medio complicado de penetrar, hermético en muchos sentidos, pero una vez que el trabajo fluye, su resultado va abriendo nuevas vertientes.

En tu carrera has tenido la oportunidad de hacer cine, teatro y televisión. Cada uno tiene su propio lenguaje. ¿Tienes alguno preferido? ¿Qué es lo que más disfrutas de hace cada uno?
El teatro es mi casa. De ahí salí y es un universo que, aunque imprevisible y alucinante, es familiar. Parece mentira, pero el tener la oportunidad de recrear una misma historia con tonos distintos regala un sentimiento de libertad muy gratificante. Cada público es diferente y, por lo mismo, se llevan una versión de nosotros única cada noche. Me apasiona la esencia ritual del teatro.

Al cine lo veo como unas vacaciones. Te preparas para salir, asegurándote que no falta nada; siempre estoy emocionada. Las películas las recibo como un regalo, una oportunidad de construir un alguien que tuvo y tendrá vida antes y después de lo que vemos en la película. Siento que es aún más preciso que el teatro y la tele. Es un esquema muy técnico en donde todos constantemente están esperando que la magia ocurra para que pueda ser captada por el ojo del fotógrafo y sentida por el director y tu compañero.

La televisión me sigue sorprendiendo. Hace muchos años, televisión de calidad sonaba a oxímoron; hoy en día es cada vez más frecuente que vayan de la mano. He trabajado en varias series, pero Paramédicos ha sido un ejemplo claro que México se está preparando para hacer y consumir televisión de calidad. Me emociona cada vez más la manufactura y temáticas que se están infundiendo en los proyectos de televisión.

Además de actuar, escribes, diriges y produces. ¿Cómo fue el desarrollo de esas otras facetas?

La producción y adaptación surgieron a partir del deseo de gestar personajes que como actriz me emocionara interpretar. Me gustó mucho producir. Creo que una actriz productora amplía de manera inmensa sus posibilidades, la calidad de sus personajes y la libertad dentro de este cosmos que es la ficción.

La escritura y dirección las exploré en un corto que filmé hace unos años en Londres. Resultó ser una tarea que no he repetido, quisiera retomarlo en un futuro.

Perro sin raza fue uno de tus últimos trabajos. La obra tuvo buenas críticas en el DF, fuiste parte de la producción. ¿Cómo decidiste traer ese texto a México?
Buscaba una comedia contemporánea. Quería algo nuevo. Uno de mis maestros de clown de East 15 me contó del texto de Mongrel Island, que tenía temporada en el Teatro Soho en Londres. Semanas después, ya había contactado al autor y había leído la obra. Era un texto bizarro, cómico y complejo, que funcionaba en muchos niveles. De una forma muy global hablaba de la necesidad de seguir tus sueños, la urgencia de no convertirnos en un número de folio más, el individualismo y la iniciativa personal contra un esquema genérico autodestructor. Me encantó. Invité a Fernando Rovzar a dirigir, y una vez que se unió al proyecto, decidí comprar los derechos, traerla a México y hacer la traducción y adaptación del texto.

México ha sido un país importante en tu carrera. ¿Cómo fue arribar al DF?

Bellísimo y emocionante. Desde que llegué, supe que era una parada que me iba a regalar gente, personajes e historias que eran míos para vivir y de nadie más. Dicen: "el hogar está en donde esté el corazón", así que México hoy es mi casa.

¿Cuál ha sido tu experiencia más loca en DF?
Después de terminar la temporada uno de Paramédicos, estudié la carrera en la Cruz Roja y me gradué de Técnico en urgencias médicas. Cubría el turno nocturno en ambulancias los fines de semana, he visto unos escenarios locos y perturbadores. Los ejemplos son muy morbosos, así que se los ahorraré.

Paramédicos forma parte de una época en la que las series de TV producidas en México han tenido un auge importante. ¿Cómo llegó este proyecto a tu vida?
Hice un casting un par de años antes de que se concretara el proyecto. Acababa de llegar al DF y, año y medio después, me habla la directora de casting para avisarme que tengo un callback con los directores de la serie. Para ese entonces, yo no recordaba aquella prueba, pero de igual modo me presenté. Así conocí a Fernando Rovzar y a Alejandro Lozano. Una semana después me llamó Fer y me dio la noticia.

¿Por qué crees que era importante contar la historia de Paramédicos?

Creo que tiene un enfoque absolutamente constructivo. Ahonda en la vida personal y laboral de los paramédicos de esta gran ciudad. Gente que decidió ejercer una profesión teniendo como motor principal el servicio a alguien más, en el momento que más lo necesita. Nace de un núcleo así de sólido; por lo tanto, sus ramificaciones tienen consecuencias igual de enriquecedoras. Es una serie que tiene historias conmovedoras, que muestra una cara muy franca de la capital, su diversidad, su salvajismo y su bondad, dándole foco a una profesión que poca gente conoce a fondo.

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