0 Me encanta
Guárdalo

A comer y disfrutar, que el mundo se va a acabar

Como si fuera el último desayuno, comida y cena –sí, todo al mismo tiempo–, buscamos opciones para comer sin importar la dieta ni el mañana

Quien sabe que tiene los días contados posee la oportunidad de decidir qué hacer. Quizá algunos desearían ver el ocaso. En mi caso, preferiría engullir sin parar, disfrutar del placer que provoca estimular el paladar y mover el bigote, zamparme cuanto platillo me pongan enfrente. Así, con el pretexto de supuestos cataclismos, te recomendamos estos lugares dignos de tu última vez y porciones de esas que parecen destinadas a no volver a comer... hasta la hora de la cena; sí, díganme glotón.

Vuelta a Aztlán

El lugar tiene casi medio siglo de existencia –desde 1964– y se caracteriza por sus quesadillas que, a decir de sus creadores, asemejan a esa arma blanca más larga que un cuchillo pero más corta que una espada con sus 50 centímetros de extensión. Sí, medio metro de queso y guisados envueltos en una crujiente tortilla tamaño no me olvides. Puedes combinar dos, tres o más ingredientes. Por ejemplo, pedir un tercio de huitlacoche con requesón, otro de tinga y el tercero de flor de calabaza con queso: tres quesadillas en una. Muy recomendable la especialidad de la casa: la champion. Incluye bistec, tocino, pimiento, cebolla y queso, y no, no sabe a alambre. El lugar es pequeño –unas siete mesas– y muy sencillo. La cocina, donde Mary realiza su magia, ocupa prácticamente medio local, pero no hace falta más, pues aquí el protagonista es el maíz, ya sea como “machete”, sope o simple huarache, todos de grandes proporciones. Tienen servicio a domicilio para aquellos que quieren esperar el fin de los tiempos desde la comodidad del hogar.

Leer más
Doctores

Desde oriente con amor

Recomendado

Heredero de esos tradicionales cafés de chinos, ofrece porciones bien servidas y una enorme variedad de platillos: unas ocho sopas, 10 ensaladas, 10 carnes, cinco pollos y muchos antojitos, como enchiladas y chilaquiles. Entrada, sopa, plato fuerte y postre por menos de 150 pesos, y con la garantía de salir rodando. También tienen paquetes, con café y jugo o fruta, que sirven a cualquier hora, pues nunca cierran. Aquí no hay chef, sólo cocina mexicana típica pero bien preparada y en un lugar sencillo pero digno. Para los tradicionalistas, a unas calles está El Popular, mismo concepto y características, aunque tiene como 50 años más. La Pagoda es amplio, unas 15 mesas y 20 gabinetes, y es bullicioso. En la carta, un interesante detalle sobre la propina que deberían replicar muchos restaurantes de esta ciudad: no se exige, se gana. Al estar siempre abierto, es una buena opción por si el fin del mundo se retrasa y no tienes dónde esperarlo. Incluso vale la pena para un café y pan, que es de la casa; el de elote es suculento

Leer más
Centro

Noche de copas

Esta cantina podría pasar como una más, pero tiene un detalle que la hace única: con el consumo de al menos tres copas puedes repetir los tiempos del menú las veces que quieras… o que tu estómago permita. A escoger, unos ocho platillos que cambian todos los días. Quizá se pongan un poco renuentes si quieres reincidir con el cabrito o la arrachera. Sólo es cuestión de apersonarte unas tres veces con el mismo mesero para que esta condición expire, mas tendrías que brincarte varios tiempos, pues doble cabrito es sólo para profesionales del comer en exceso. El salón es amplio y puede ser muy ruidoso cuando hay partido de futbol (tienen muchas pantallas y monitores) o pasadas las cinco de la tarde, cuando los músicos comienzan a hacer de las suyas, pero bien vale la pena la molestia. Sobre esta cantina se ubica un hotel al que puedes ingresar por una puerta muy discreta al final del salón y cercana a los servicios. Quizá por eso es tan popular entre secretarias y sus jefes.

Leer más
Centro

Medellín, de aquí y allá

Recomendado

Existen alimentos, como la papa y el plátano, que con poco te hacen sentir satisfecho. Ahora imagina un caldo de res con mucha papa, plátano, carne y hasta pollo. No es producto de mi voraz imaginación, sólo un colombiano sancocho y en este lugar encontrarás una de sus mejores versiones. El sobrebarriga (como un bistec con papas, pero más duro y elaborado) y el ajiaco (como caldo de pollo pero pro) son otras dos opciones que cumplen los requisitos de mucho sabor y cantidad. Para aquellos que no quieran experimentar, también despachan clásicos como pechuga a la plancha o carne asada. Las aguas son de otro mundo, o al menos de otra cultura, al estar preparadas con frutas exóticas como maracuyá, tomate de árbol, lulo o curuba. Combinadas con agua son muy refrescantes (como nuestra típica de limón con chía) y con leche (sí, con leche) son un manjar ligero, pues no alcanzan la consistencia de un licuado. El lugar es pequeño y sin lujos ni falsas pretensiones. Tal vez confían mucho en su chef, Juan Villada, y no los culpamos por hacerlo.

Leer más
Roma

Un milagrito bien gastado

Para aquellos que prefieren el sabor a la cantidad, tenemos una opción gourmet, aunque el chef Omar Abdala guste denominarla como cocina de autor, o lo que es lo mismo, cocina mexicana contemporánea que de modo singular y renovador combina sabores conocidos y les da la vuelta. Elago, quizá escuchado por muchos, se encuentra a un costado del lago mayor de Chapultepec, por lo que desde su ubicación propicia una atmósfera de deleite visual/paladar muy apropiada para la espera de la calamidad final. Otro punto a su favor es su horario, lo cual te permite no estar al pendiente del tener que llegar porque cierran. El lugar es un poco formal; sin embargo, el ambiente es relajado y muy disfrutable. La carta ofrece variadas opciones, desde ensaladas, pastas y sopas hasta aves, carnes y mariscos, todos coquetamente presentados. Para los que gustan de empezar con una sopita, recomiendo la crema de elote con queso y crutones, aunque yo prefiero irme directo a la lasaña de chicharrón prensado con ensalada de nopalitos, el pato tapado con crujiente de plátano macho con mole coloradito y ragú de frijol; o bien, el filete de res chemita servido con puré de papa, salsa de vino tinto y espinaca a la crema. Poniéndolo en perspectiva, 200 gramos de carne envuelta en tocino tienen lo suyo. Excelente cava, si tu presupuesto lo permite, o bien, cervezas y bebidas variadas, incluyendo un buen café, apto para acompañar sus deliciosos postres. Para muestra, la crème brûlée de mamey, los brownies cappu

Leer más
Chapultepec Segunda Sección

Mexica vs. maya

Quizá las porciones no sean enormes y su costo inhiba pedir entrada, sopa y plato fuerte, pero la vista es inigualable para cualquier hecatombe: el Templo Mayor, la Catedral y la Plaza de la Constitución a tus pies. Además, su chef, José Perea, ha logrado darle una vuelta de tuerca a platillos típicos mexicanos y puedes encontrar en su menú delicias como las tostadas de pato con mole. Además, interesantes opciones de carnes, aves y pescados, y antojitos como las minitortas de cochinita pibil. La sopa de hongos tampoco queda a deber. En fin, este lugar tiene tantas delicias que, aunque uno no quiera, comes como si fuera la última vez. Esta terraza es sobria y relajada, muy cómoda para una tarde cualquiera. Junto a este restaurante está otra terraza más relajada aún, donde puedes pedir una baguete o un café, y disfrutar de la panorámica mientras se despide la tarde. Quizá los únicos inconvenientes son la música de elevador y que cierra temprano

Leer más
Centro

Comentarios

0 comments