CERRADO: Tranquiloco

Nápoles
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Un paraíso se despliega tras dos puertas metálicas de búnker. Entrar aquí es como teletransportarse a la mansión de un millonario excéntrico en medio de la Guerra de Vietnam. Dos pisos de salones grandes con mesas blancas, prints selváticos y una barra que simula ser una biblioteca cuyos libros esconden botellas. Pero definitivamente lo mejor del Tranquiloco es su terraza, con mesas largas de madera fina como de biergarten elegante y vegetaciones diversas que resultan en mil tonos de verde enroscados en la pared. Ahí, bajo el cielo caluroso, es obligatorio pedir cervezas muertas para celebrar la tarde. Si tienes suerte encontrarás todas las opciones que ofrecen (sólo tienen las de cerveceras mexicanas comerciales).

En cocteles, la carta muestra las alternativas básicas tropicales, como piña colada, mojito, caipiriña y daiquiri. Una dulce y agradable elección es el coctel de la casa, con mezcal, naranja y vainilla.

Mientras las botellas sudan y se vacían sin fatiga, cada línea del menú bajacaliforniano hace más grande el dilema sobre qué pedir. Todo se antoja. Hay sopes de pulpo, taquitos de tinga de marlín, camarones cheleros, sándwiches y carne a las brasas. Aunque al primer vistazo pueda parecer marisquería, nuestro tip es pedir los platillos de carne, que son superiores. En general, la calidad de la comida es inconstante, empezando por el peldaño más bajo, el flojo aguacholo. Este se sirve en una salsa roja que remite al sabor de la cátsup, camarones, pepino y cebolla morada. Si te causa conflicto pensar en un aguachile que no haga sudar tu nariz, evítalo, pues está creado (sin especificar) para complacer a quienes no les gusta el picante. La mayor parte de las cosas que probé (callitos a la sal, tacos de tinga de marlin y de short rib) fracasaron en sorprender. Esto no les quita sus destellos: cuando en Tranquiloco hacen algo bien, les queda excelente.

Para sonrisas, la carne apache: tartar de filete con chile chiltepín, limón, aguacate, aceite de chile de árbol y mucho ajo. Es lo mejor del menú. Otro de los ganchos son las minicheeseburgers, con cheddar y tocino. El postre, por más seductor que se vea, puede decepcionar. Mi tarta de crema de cacahuate, que llegó luciéndose con bolitas de cereal de chocolate, sabía a refri y, para mi gran decepción, el cereal estaba aguado. Ya si te quedas con mucho antojo de algo dulce, a unas cuadras está Chiandoni, una de las mejores heladerías del DF.

La tarde es musicalizada por una selección de los integrantes de Molotov, dueños del lugar. Checa la pintura de Tito, Micky, Randy y Paco triunfantes sobre una barca en un mar lleno de oscuridad que está en el segundo piso.

A pesar de sus vaivenes, el Tranqui es un gran lugar para precopear, con ganchos para regresar y una terraza deliciosa para embriagarse con sol y cerveza.

Por Beatriz Vernon

Publicado

Nombre del lugar CERRADO: Tranquiloco
Contacto
Dirección Pennsylvania 124
Nápoles
México, DF
03810
Horas de apertura Mié-dom 1:30pm-2am
Transporte Metro San Pedro de los Pinos. Metrobús Nápoles.
Precio Consumo promedio por persona $300
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