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Guárdalo

Lengua defeña

Es hora de aclararle a nuestro amigo eslovaco que “echarle un ojo” no es una tortura medieval. Aquí unas escenas que un extranjero se podría imaginar cuando le decimos estas frases coloquiales

No le sube el agua al tinaco (Foto: Diego Martínez)
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Foto: Diego Martínez

Dícese del padecimiento crónico mental degenerativo del sujeto inepto al que no le corre la ardilla, no le gira la piedra, no le cae el veinte, no carbura. Cuando no piensa, pues. Para que las ideas fluyan, hay que bombearle presión, como a la cisterna. Advertencia: no siempre funciona.

Aguántame las carnes (Ilustración: Diego Martínez)
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Ilustración: Diego Martínez

Expresión derivada del “aguántame las carnitas, que apenas voy en el consomé”. Va para todos los impacientes que aguardan alguna acción de nuestra parte. ¿Que tu novio quiere la prueba de amor? “Aguántame las carnes”. ¿Que tu jefe quiere el reporte en cinco minutos? “Aguántame las carnes”.

Echarle los perros (Ilustración: Diego Martínez)
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Ilustración: Diego Martínez

Del cristiano: te trae ganas. Esta frase proviene del bull-baiting, o sea, el hostigamiento de toros. En Londres del siglo XVI, los bóvidos eran perseguidos por bull dogs con la finalidad de suavizar sus carnes. Después se convirtió en un espectáculo cruel, tal como el stalkeo. Evalúa de qué pedigrí es tu acosador para tomar acciones.

No te esponjes (Ilustración: Diego Martínez)
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Ilustración: Diego Martínez

Sinónimo de “no te enojes”. Probablemente, esta sentencia se inspira en el comportamiento de los mininos: cuando estos se molestan, se les para y esponja la cola. Por otro lado, te recomendamos no acumular ira o absorber las malas vibras, podrías inflarte tanto hasta reventar como maíz palomero.

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