Arráncame la vida

Gay y lésbico
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Arráncame la vida
Erika Miranda

Dirigida por Wilfrido Momox, quien interpreta a Andrés Téllez Linares, esta obra cuenta la historia de un pintor que yace en cama aquejado por la fase terminal del VIH.

Andrés vive los últimos días al cuidado de su madre, Nubia Linares (Teresa Selma), quien no entiende muy bien qué es eso del VIH, pero que vive esperando el paquete de Japón con el remedio naturista que “curará a su hijo de los vómitos”, pues cree que tiene una fuerte infección estomacal, “tal vez disentería”, dice.

La obra repasa varias etapas en la vida del pintor Andrés Tellez, desde el momento en que sabe de su enfermedad hasta los ejercicios de catarsis, como aquel en el que junto con su madre juegan a su propio velorio. Uno de los momentos más frescos de la obra.

Escrita por el dramaturgo venezolano Elio Palencia, la historia muestra un estado extremo de cómo ataca el VIH. Es hasta conocer el contexto histórico de la obra, escrita en 1995, que uno entiende la visión un tanto arcaica de cómo se ve la enfermedad.

Aunque hay buenos momentos, que rayan en lo conmovedor y  angustiante, brincan instantes absolutamente gays e innecesarios, como la escena en que Andrés se pasea desnudo con calcetines, pensado más para el fetichismo homosexual.

Es una obra con buenas actuaciones que toca las fibras sensibles de casi cualquier buga. En este punto es que Arráncame la vida deja de ser una obra exclusivamente gay.

Por Wenceslao Bruciaga

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