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Una noche en Botas Bar (para chicas)

Un antro lésbico en la Zona Rosa. Una colaboradora que sale por un momento del clóset para conocerlo.

Alejandra Carbajal

Desde hace cinco años que abrió Botas Bar en la Zona Rosa escuché todo tipo de historias, muchas que mi inconsciente no colectivo guardó con cierto recelo y temor, qué va, con curiosidad: que si en la sección de hombres hacen "guagüis", que si en la de mujeres se te abalanzan cual Sasha Grey.

Cuando quise ir a saciar el morbo, nunca faltó la amiga que decía "está muy raspa, mejor vamos al Living". Después de haber pisado los Cabaretitos en todas sus versiones (Neón, Safari, VIP), y uno que otro antro de Iztapalapa, pues ¿qué tan rudo puede estar?

Así que hice lo que tenía que hacer. Me vestí lo menos femenina posible (aunque así me visto siempre): pantalones negros, playera de Metallica, converse y una chamarra de piel (sintética por aquello de los animal lovers). Le hablé a un par de amigas lesbianas y aventureras porque después de todo lo que escuché no me atrevía a ir sola al "inframundo lésbico-trailer style" (sin ofender a nadie).

Llegamos. Pagamos un cover de $20 pesos e ingresamos después de escuchar un extraño aviso del encargado de seguridad de que se puede salir a fumar a la calle después de las 9:30, situación que todavía no entiendo, pero vaya, qué trío de ñoñas o alcohólicas llegan a un antro a las nueve de la noche.

La parte de abajo está completamente cubierta por una cortina, es el área de hombres, ese espacio mítico de "guawis" a granel -diceeen- en el que cualquier mujer buga moriría por entrar para ver a los strippers en acción. La música electrónica difiere a la del primer piso, donde se ubica el bar para mujeres (y uno que otro hombre).

Subimos unas escaleras de metal mientras "Pour some sugar on me" de Def Leppard suena en todo el bar, mi playera de Metallica estaba perfecta para la ocasión. Al dar los primeros pasos en el bar, hicimos lo que una buena "lencha" suele hacer cuando llega a un antro: poner cara de mamona o de malora mientras eres sometida a un detallado escaneo por parte de las demás mujeres. Curiosamente, después de regresarles el scan, me percaté de que íbamos vestidas como la mayoría de ellas. Estábamos a la moda.

El lugar es amplio, con paredes de espejo, pantallas y un escenario para el show de vestidas. Tras el típico "botella para mesa de pista" o "copeo", nos fuimos por las copas (no literalmente). El trago está entre los $50 y $90 pesos. La poca decoración, mesas de metal y sillas acolchonadas,  y el humo artificial, brindan un aire retro.

La mayoría de las mujeres rondan entre los 20 y 30 años, vestidas de forma casual -había una que otra con mohicanos estilo Bronx-, pero también llegó la generación Anyway (mítico antro gay de los noventa, donde actualmente se encuentra el club Mr. Keller): señoras de unos 40 años, con blusa tipo polo, cabello corto, o bien, cabello largo con blusas animal print.

Tras escuchar prácticamente todo el disco de éxitos de Def Leppard, recé porque pusieran alguna de la Pau, pero no fue así. Al poco tiempo, la música comenzó a mutar a un pop retro más bailable y el ambiente a amenizarse. A medianoche todas las parejas de enamoradas salieron a la pista a bailar "procura coquetearme más" y otras canciones que inevitablemente impulsan a una chica a sacar a bailar a otra chica. Hubo algunos batazos en las mesas aledañas, nada dramático.

A la una de la mañana comenzó el tradicional show travesti, que siempre te brinda la oportunidad de cantar "El apagón" o "La maldita primavera" con Yuri o alguna bella melodía de Rocío Dúrcal.

Confieso que mi velada armoniosa me decepcionó un poco. Salí sana, salva y virgen, y como las mujeres no pueden ingresar a la sección de hombres, no comprobé lo del "guagüis". El mito de ingresar a un lugar "raspa" con un ejército de lesbianas queriendo ligar, se quedó en eso. El Botas Bar es en realidad un lugar sencillo, donde todas saludan de beso a Lore (una de las meseras) con gran familiaridad. Un espacio relajado, sin esa vibra alzada que predomina en los antros de "moda", en los que todas se dan su taco.

Más información de Botas Bar

Botas Bar

Dos de las principales diferencias de este lugar respecto a un table dance buga es que: uno, no hay un tubo al centro de la pista; y dos, entrar cuesta 100 pesos. El resto de la dinámica es exactamente igual, con todo y el staff de seguridad de muchachones trajeados que portan con prepotente orgullo unos audio-chicharitos en la oreja. 

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Juárez

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