Confetti Make-up

Gay y lésbico
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Confetti Make-up
Alejandra Carbajal

Hay una frase rotulada sobre las puertas de la Galería Rampas: “Se recomienda discreción: contenido sexual explícito”. Una vez avisado no hay vuelta atrás, se atraviesan las pesadas cortinas de terciopelo (del prejuicio) y comienza la muestra sobre una pendiente ascendente.

El visitante descubrirá un gran close up al torso desnudo de un joven cuyo rostro se ha travestido bajo maquillaje de tonos pasteles, labios carmesí y una peluca rosa chicle con moños azules. El enclenque modelo muestras unas estiradas cicatrices en el pecho, recuerdos de una quemadura. Le amputaron el brazo izquierdo y el muñón contrasta en un efecto chocante con los tonos de su rostro distante.

La fotografía capturó a “Wendy”, uno de los cuatro hombres travestidos de la serie Desvestidas de Luis Arturo Aguirre. Los otros son “Phoebe”, "Thelma" o “Helena”, personificada como Catalina Creel.

“La exposición se abre a aquellos discursos artísticos que especulan sobre el esplendor o la densidad emocional de las máscaras de seducción y de intercambio libidinoso. Queríamos que la muestra hablase de la manera en que nos hacemos de un cuerpo propio y de una apariencia internalizada con gozo; de los juegos y avatares donde el sexo y el deseo intervienen como vías o modelos de saber”, explica Osvaldo Sánchez, curador de la exposición.

Sánchez además subraya el hecho de que es la primera vez que se monta una muestra de esta intensidad en el marco del Festival Internacional de la Diversidad Sexual (FIDS), con el tema de La decencia y la lujuria.

Para las buenas conciencias, Confetti Make-up puede ser una exposición capaz de aturdir las típicas referencias del erotismo (no precisamente por los guiños hacia la pornografía). La perturbación es una sacudida casi inmediata, producto de la provocación que contienen las obras de los 17 artistas convocados.

“Estaba claro que si el discurso era sobre el deseo, entonces la exposición debía de fluir, lúdicamente, comunicar frescura y desenfado. Más que como una investigación histórica, me parecía que la exposición debía de valer como una experiencia visual de placer”, explica Osvaldo.

El desenfado es una constante en esta muestra y puede apreciarse en obras como la de Omar Gámez, fotografías a blanco y negro desde un cuarto oscuro gay.

Otro de los conceptos que se abordan, precisamente con desenfreno, es el de la diversidad sexual. La videoinstalación El primero que ría de Mauricio Limón es un gran ejemplo de esta diversidad con identidad nacional. El video muestra una cámara girando alrededor de dos hombres de robustas raíces latinas, con cuerpos que rompen el plastificado cliché de homosexual atlético. Tienen aproximaciones eróticas en medio de un ejido, típico escenario rural en México.

“No hay obras sobre ‘diversidad sexual’. Habrá panfletos, declaratorias, imágenes que pretendan representar una idea general; pero ese tipo de acercamiento no produce arte. Las obras, —en discursos que tratan sobre deseo, corporalidad o sexo— para ser arte deben de ser personales y profundamente íntimas; sea en su drama o en su sarcasmo. Las obras encarnan la otredad del autor en lo diverso; esa es su participación en la ‘diversidad’”, dice el curador sobre el obstáculo que representa este término en la exploración del deseo.

“El reto era lograr un discurso que nos revelara algo sobre la sexualidad, sin reducirlo a un eje temático. Me interesa más el tipo de exposición que logra rebasar la intención ilustrativa y no lo que la exposición ‘debe’ decir. El reto verdadero está en dejar que las obras hablen” señala Sánchez.

El contenido visual de Confetti Make-up podrá ser controvertido pero no dejará al espectador indiferente y mucho menos esconderá debates.

Por Wenceslao Bruciaga

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Teléfono del evento 5546 3471
Sitio web del evento http://www.chopo.unam.mx/
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