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Entrevista con Erik Rivera, “El niño terrible”

Platicamos con el pintor detrás de Niños princesa, la serie de obras que retrata a los personajes más emblematicos de la comunidad LGBTTTI

 (Foto: Diana Solís)
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Mirarse a los ojos, sorprenderse y conectarse con el niño interior sin prejuicios, géneros y sin ningún tipo de orientación sexual es el estilo del pintor Erik Rivera, mejor conocido como “El niño terrible”. Diseñador gráfico y amante nato del chiquillo que todos llevamos dentro, en su obra mezcla al niño con el adulto para reflexionar sobre en qué nos hemos convertido y si somos lo que esperábamos ser cuando éramos chicos.

En cada una de sus exposiciones, algunas homenajeando a personalidades de la comunidad LGBTTTI y otras en las que busca dejar huella en cada uno de nosotros por medio de enormes ojos redondeados y brillantes, para volver a recordar nuestra infancia.

Platicamos con Erik sobre su apodo, su inspiración y la situación del arte en la comunidad LGBTTTI.

¿Por qué te apodan "El niño terrible"?
Si te llamas Erik invariablemente se te apoda “el terrible”, cuando me lo pusieron era diseñador del Museo de Arte Moderno, entonces en el INBA me llamaban “El niño MAM”. Estaba súper chavito, era súper dócil y quitecito, así que decidí juntarlos. Me agrado el apodo y así se me quedo.

¿Cómo surge el concepto de dibujar personajes con características infantiles?
La idea surgió como una casualidad, a mí me gustan los ojos expresivos de muchos artistas e incluso de algunos pintores (entre ellos Francesco Clemente). Lo he desarrollado alrededor de la búsqueda del niño interior. Tengo muy marcada mi infancia, sufrí un cambio de casa y regresé a ella 20 años después, ahí fue como rescaté a mi niño interior.

La infancia es destino e indagar en ella sobre lo que llevamos dentro es analizar quienes somos y como vamos a reaccionar.

Como artista plástico, ¿cómo ha sido dar a conocer tu trabajo?
México no esta acostumbrado a que los artistas plásticos los muevan. Mi concepto trata de hacer eso: mover conciencias para hacer pensar y reflexionar. El mexicano esta habituado, por la poca cultura visual que tiene, a ver y a percibir el arte como un objeto decorativa, lo difícil es dar a entender la idea, que conozcan el verdadero sentido y significado, yo no pinto para niños, yo pinto para adultos.

¿Cómo han sido recibidas tus colecciones por el público?
Muy apapachadas, el público muchas veces cree que son niños. Se proyectan en las miradas y hago que reflexionen un poco sobre lo que trato de decir y proponer. Ha sido criticado mi trabajo, claro, pero la comunidad gay es la que me ha arropado siempre.

¿Tu trabajo es netamente para la comunidad LGBTTTI?
Es un concepto que puede partir de ahí, una metáfora. Decir que todos podemos buscar una mezcla entre masculino y femenino, lograr una composición entre el niño y el adulto. Es importante explorar todas esas etapas, yo soy gay entonces me parece importante, dentro del movimiento, tener una parte artística y cultural del arte gay. Ahí me encuentro perfecto, me interesa ayudar y proponer.

¿Cuáles son los pros y contras de ser un artista LGBTTTI en la CDMX?
Un contra total es que te etiqueten como artista gay y que sólo la misma comunidad debe consumirte. En cuanto a los pros es que es un movimiento que esta explotando. Mi exposición “Niños princesa” hizo una pauta dentro de la plástica ya no se proyecta el típico cambio de género con fotografías explicitas de ellos, sino ya es un homenaje a estos personajes, qué hacen y qué logran, el cambio de sexo en diversas tonalidades y niveles.

¿En qué punto consideras que se encuentra el arte LGBTTTI en México?
El arte es muy propositivo, me parece que va a la vanguardia y en cuanto a propuesta le falta mucho. Está agrupado en sólo ciertos artistas, la idea es expandirnos. La filosofía de gueto artístico va a ir desapareciendo, los artistas ya no tendremos la necesidad de poner una bandera gay para que nos nombren artistas en general, eso va a ocurrir  en unos años  y espero verlo.

¿Cuál podríamos decir, es tu obra más característica?
“La danza del molinillo”, es un tanto gay, ya que en ella aparece una pareja homosexual danzando con un molinillo en la mano, hace fantasear e incluso propone teorías sobre el falo. Se ha convertido en un ícono al igual que las pinturas de “Niños princesa”.

¿Nos podrías contar alguna anécdota en la que intervenga tu trabajo?
Cuando lancé “Niños princesa” una de las homenajeadas fue La Supermana, en la marcha gay pasada me invito a ir con ella de la mano, literalmente, durante todo el recorrido. Repartió postales del cuadro que yo le hice. Ir con ella en la marcha es súper divertido, al finalizar nos fuimos al museo a ver la exposición, lloró.

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