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Entrevista con Nicho Peña

Platicamos con este osito, oriundo de Tamaulipas, sobre su show de stand up

Foto: Cortesía Nicho Peña

Nicho es el osito más guapo de la escena del stand up en México por su sexy bigote de regio y su predilección por los chacales. Más allá de su gran parecido con el Cochiloco, Nicho aborda temas comunes y corrientes como los taxistas metiches, las delicias de visitar Xochimilco, los gordos y los percances de trabajar en una oficina.

Charlamos con él sobre cómo llegó al stand up y sus primeras presentaciones.

¿Cómo comenzaste en el stand up?
Soy originario de Tampico, Tamaulipas, y al mudarme al DF me costó trabajo acoplarme a vivir solo en la ciudad. Una noche vi el stand up de Sofía Niño de Rivera; comencé a la medianoche, dieron las 3 de la mañana y seguía frente a la tele. En internet había pocos videos de ella, pero los vi una y otra vez. A los dos días vi en Facebook un evento de open mic en el Bar Viking (que ya no existe), fue ahí que decidí escribir una rutina de cinco minutos para subirme al escenario el 23 de enero de 2013.

¿Cómo fue tu primera experiencia?
Me dio el impulso en la oficina, lo escribí como al mediodía y lo terminé a las tres, lo memoricé y saliendo del trabajo me fui al open mic. Me fue bien pero estaba muy nervioso. Mi primera rutina hablaba de mi llegada al DF y querer encajar en un grupo dentro de la comunidad gay; también me burlaba de mis experiencias en castings como el de La Academia, Operación Triunfo y Latin American Idol, porque fui a todos y nunca me quedé. Yo quería subirme a un escenario y sentir de qué se trataba.

¿Cómo te preparaste, fuiste a algún curso?
Como muchos compañeros dicen, se vuelve adictivo estar arriba. No quería ser uno más, así que lo primero que hice fue inscribirme en el curso de Sofía Niño de Rivera, el cual dura mes y medio. Un día llegó una graduada del curso, me vio y me invitó a una presentación en la Casa de los Comediantes. Esa noche cerraba René Franco, él me vio y me invitó a abrirle un show y hasta el momento me he presentado con René como unas ocho veces, incluso ya grabé un sketch para su programa. Es a partir de ese momento que comienzaron a invitarme a abrir los shows de compañeros como la Kikis, Manuna y Fredy el Regio.

¿De qué te gusta hablar en tu stand up?
El standupero tiene que hablar de su persona, obviamente tengo que hablar que soy gay porque es parte de mi persona, pero no lo es todo. Al principio, mi rutina base era de cinco a ocho minutos y con tres temas: que soy gordo, gay y un provinciano en el DF, temas que fui ensanchando. La convivencia con la Kikis me hizo entender que puedo desarrollar otros temas sin necesidad de tocar el punto de vista homosexual. Ahora, en mi rutina me quejo mucho de todo; del DF y de los taxistas principalmente.

¿Cómo te ha aceptado el público?
Le agrado mucho a la comunidad heterosexual. Encuentran mi comedia graciosa; mi punto de vista sobre la vida gay es más digerible para ellos. Si me pones en un bar con un público gay no me va tan bien como con el público heterosexual. La audiencia gay es demasiado exigente y a veces esa exigencia no es objetiva y con los heteresexuales es como si un amigo gay les contara cosas. A los bugas les gusta enterarse de lo que nos pasa o de cuál es nuestro punto de vista. Pienso que por eso hay tanto magnetismo con la comunidad heterosexual, tanto que dicen: es gay, no me identifico pero todo lo que dice sí lo hace.

¿Crees que de este modo ayudas a que más gente acepte a la comunidad LGBTTTI?
Todo eso ayuda un poco a combatir la homofobia, porque los lleva a reflexionar sobre que yo, por ejemplo, soy una persona más que piensa, siente y habla igual que ellos y no pasa nada. Sienten como empatía conmigo, es algo que no planeaba pero me da gusto que se sienten cómodos y con el permiso de escuchar a un gay y reírse sin sentirse juzgados por hacerlo. Me encantaría que la comunidad gay me apoyara más, pero también valoro a todos los miembros que me apoyan.

¿Cuál ha sido tu presentación más desastrosa?
A los tres meses de empezar con los open mic y a abrirles a otros comediantes, me invitaron a presentarme un fin de semana en la Casa de los Comediantes. Me pidieron 45 minutos y me iban a pagar, pero yo sólo tenía 15 minutos de show. El viernes, en mi primera presentación, hice 40 minutos no sé de dónde e incluso saqué mi lista y ya lo había dicho todo; lo único que quería era bajar del escenario y desaparecer. Al día siguiente, no me importó y me subí sólo 25 minutos, me fue muy bien. El del viernes fue el peor show por culpa mía, por soberbia y ambición. Entendí que no puedo ofrecer más de lo que tengo.

¿Cuál es tu standupero favorito?
Sofía Niño de Rivera, mi maestra.

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