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Plan para el fin

¡Banda gay: atenta! Te proponemos dónde desayunar, comer, ir de reven y hasta qué expo visitar

Desayuno: Café Bar Génova

Es un punto de encuentro clásico para los grupos de amigos gays que se ponen de acuerdo en echarse unas enchiladas y un jugo de naranja, mientras descuartizan ferozmente los modelitos de sus colegas que van pasando frente a la mesas, sobre los adoquines de Génova. El menú es económico, entre 100 y 120 pesos por persona. Ofrece típicos antojos mexicanos, como huaraches, tacos, chilaquiles o varias preparaciones de huevos, además de jugos de fruta y cervezas. Lo mejor es que la vista a la pasarela de Génova y el viboreo son gratis.

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Zona Rosa

Comida: El Generalito

Para los días de la marcha gay, esta es una parada obligada: una vez que el contingente haya invadido de colores las calles del Centro Histórico, hay que arribar a esta colorida e íntima fonda en cuyas paredes cuelgan cuadros de Juan Carlos Bautista, artista, poeta y dueño de El Generalito. Los brochazos rosa mexicano hacen pensar que este lugar sería el sueño húmedo de Frida Kahlo o de Lila Downs. "Viene siendo" el sitio políticamente correcto por si la tripa ya hace ruido después de tanta caminata. Tienen menú de comida corrida. Son famosas sus tardes de karaoke por lo que sugerimos estén al pendiente para apartar esos himnos de la cultura gay nacional.

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Centro

Reven: La Purísima

La Purísima podría ser la versión disco del Marrakech. Ante el éxito del “Marra”, como le dicen sus clientes habituales, decidieron abrir un espacio, justo enfrente, mucho más amplio, más oscuro, pensado sobretodo para el baile y los besos en medio de estrobos. Antes de entrar, una espectacular frase enmarcada en luces te da la bienvenida con una instrucción, el único requerimiento para poder entrar: “Pare de Sufrirts!!”. En la Purísima predominan los muros negros con rojos carmesí e imágenes de ángeles más porno que puros; hay muchas más mesas y sillones, y un pódium para que los musculosos strippers hagan de las suyas. Uno de los rincones más graciosos y políticamente incorrectos es la barra, en donde se levanta un muro hecho por destellos de espejos y bustos de la mismísima Virgen de la Inmaculada Concepción, La Purísima. Ni en La Basílica tienen tantas vírgenes con destellos de verdad. Aquí son una realidad esos rayos que lanzan las vírgenes en las estampitas con oraciones al reverso. Aunque, por momentos, ni la Purísima pudo con el milagrito de hacer que los gays se atrevan a escuchar buena música, o al menos alejada del estereotipo cómodo de los últimos años: si bien hay momentos de buen house, lo que terminan por predominar en las bocinas son sesiones no muy novedosas que oscilan entre el circuit y éxitos pop con los que la comunidad LGBTTTI llega al delirio religioso –Gloria Trevi–. El espacio para el baile es también mucho más grande que su hermano de enfrente; por l

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Centro

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