Revenge Porn. La invasión de la privacidad

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Revenge Porn. La invasión de la privacidad
Foto: Alejandra Carbajal

Al romper una relación, uno de cada 10 exnovios amenaza con exhibir en la red fotografías o videos íntimos, según los datos de la Cyber Civil Rights Initiative.

Este fenómeno llamó la atención del artista multidisciplinario Bruno Ramri para crear Revenge Porn, un acto en vivo en el que confluyen el performance, la danza y la pornografía.

De acuerdo con el artista, los asistentes participarán como testigos de una situación íntima y comprometedora, en la cual estarán en contacto con el desnudo y varios fetiches utilizados en el porno.

Revenge Porn nació a partir de las noticias sobre el uso de la intimidad para vengarse, tanto en el ámbito sentimental, como en el laboral y el político. Bruno afirma que actualmente lo sexual se ha vuelto más público de lo que aparenta: “Condiciona nuestras relaciones sociales y conforma nuestra identidad”.

Con sustento en la teoría queer y los estudios de género de Judith Butler y Beatriz Preciado, Revenge Porn pretende desestabilizar las nociones heteronormadas sobre el cuerpo, la mirada y el placer.

La pieza consiste en un circuito cerrado en el que Bruno interviene el espacio a partir de proyecciones de video y fotografías. Los espectadores permanecen activos durante todo el acto tomando fotos, escribiendo sobre el cuerpo del performer o siendo retratados.

De acuerdo con la experiencia del artista, su cuerpo desnudo y los fetiches eróticos no son los elementos que sorprenden más al público. “La gente se siente exhibida porque la atención de los demás está centrada en ellos para saber cómo van a reaccionar. Sentirse vigilado es más incómodo que la experiencia pornográfica en vivo”, comenta Ramri.

Bruno considera que la pornografía es un acto coreográfico, una construcción ficticia a partir del movimiento del cuerpo.

Por Silverio Orduña

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