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Wenceslao Bruciaga presenta Un amigo para la orgía del fin del mundo

Platicamos con el escritor y periodista sobre su nuevo libro

Foto: Alejandra Carbajal

Tras 10 años de escribir “El nuevo orden”, una columna semanal en el diario Milenio, el periodista y escritor conocido por su mordaz y auténtica forma de hablarle a la comunidad LGBTTTI decidió recopilar sus trabajo en Un amigo para la orgía del fin del mundo, un libro que además incluye colaboraciones para otros medios como Vice y Time Out México. Esto fue lo que nos dijo al respecto.

¿Cómo surgió la idea del libro?
Se me ocurrió recopilar mis textos más cagados, más polémicos y los más hedonistas, después se me acercaron Fabián Rodríguez y Carlos Dávila, del sello discográfico Discos Cuchillo, con ánimos de publicarme un libro y les propuse esta idea. Una parte medular fue cómo financiarlo, así que nos acercamos a Sodome y organizamos fiestas para pagarlo.

¿Cómo seleccionaron los textos?
Fue una labor ardua, que no hubiera sido posible sin la editora Ximena Atristain. Yo hize una primera selección bajo tres ejes: música, crónica y reflexiones de la situación polítca del colectivo LGBTTTI. Al final, entre todos hicimos una selección democrátia.

¿Por qué el nombre Un amigo para la orgía del fin del mundo?
Originalmente quería que se llamara Todos los gays escuchan mala música excepto yo, pero me dijeron que estaba muy mamón, aunque lo que quería era jugar con esa arrogancia que me caracteriza.

¿Qué es lo más reprobable que te han dicho acerca de tus opiniones?
Que soy muy intolerante y muy homofóbico. Y sí, lo reconozco pero no me retracto. También me causa risa la tendencia de las nuevas generaciones —dadas a opinar en redes sociales— a estar acostumbrados a ser halagados y cualquier opinión distinta, lejos de tomarla como un debate, la toman como una ofensa. También me han dicho que promuevo estereotipos “hipermasculinistas”, nada más por la creatividad del término se ganan mi respeto.

El concepto de “comunidad”, no ¿qué concepto sí?
No entiendo cuál es la obsesión por siempre buscar un lenguaje políticamente correcto. Me iría más por colectivo, pues cuando ves los chismes y demandas en la pasada marcha gay te das cuenta que, lo que menos hay es sentido de comunidad. “Colectivo” es un poco más amplio y con menos compromiso moral, además habla de un grupo de personas que comparten cosas, pero hacia dentro existe mayor diversidad. Aunque cada vez los gays le temen más a la diferencia.

Lo mismo escribes para un periódico, que para una guía de la ciudad, ¿cómo te adaptas al medio?
Soy pasivo, en ese sentido y en el estricto de la palabra. Estoy en contra del escritor intocable, pues muchas veces los requerimientos editoriales te dan la oportunidad de alimentarte, por ejemplo; mucha de mi crónica narrativa la hago como si estuviera escribiendo para Time Out México.

No eres un gay convencional, te gusta Public Image Limited y practicas boxeo, ¿qué sí eres?
Soy una persona con muchos enemigos, creo que estos son las bisagras que abren puertas de la recepción, además estoy convencido de mis opiniones pero a veces me paso de la raya y quiero tener la razón siempre. ¿No soy un gay normal?, daba por hecho que la anormalidad, la otredad y vivir y convivir siendo diferente era lo normal, pero ahora la meta del colectivo gay es verse como persona “normal”. Y, la verdad es que los cuartos oscuros y Grindr siguen atascados, somos los mismos pero con un doble juego.

¿Cuál ha sido tu peor experiencia en un antro gay?
Fue en un cuarto oscuro como en el 97. Vi a un mamey bien bueno aventar a un señor porque le quería agarrar la verga y éste “no estaba en sus ligas”, o algo así dijo. Fue muy significativo para mí porque no hay necesidad de ser tan violentos, exigimos tolerancia pero en el interior somos más ojetes que los bugas.

Haz reseñado lugares gay en la CDMX para Time Out México (donde fuiste editor de la sección LGBTTTI), ¿cuáles son tus bares gay favoritos?
Sodome: En el número cero de Time Out México escribí una crítica donde le fue mal al lugar y ahora, somos comadres. Su obsesión por salirse de lo normal me gusta. Es muy diferente de los lugares de Zona Rosa, donde entras y sales con la misma canción como escuchando un remix eterno de Adele, el alcohol es malo y todo muy improvisado.
Tom´s Leather: Desde que tenía 17 años este antro ha sido fiel a su personalidad. Aunque me digan “hipermasculino” me la paso bien, además tiene buenas cosas musicales.
Marrakech Salón: Tiene el incoveniente de que se llena mucho, pero ha desarrollado muy bien la manera de asociar lo gay con lo alternativo, pues lo mismo escuchas pop que a Pixies. Y me agrada cómo se enorgullece de clichés como “el chacal” que antes era peyorativo y ahora ellos lo convirtieron en marketing.

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