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Entrevista con Grizzly Bear

Ed Droste habla del matrimonio, la democracia en la composición musical y viajes de campamento

Grizzly Bear

Oso polar. Oso panda. Oso grizzly. Nombra cualquier especie de oso y seguro encontrarás en todos los blogs de música a bandas que se llaman así. Para Grizzly Bear, el grupo fundado por Ed Droste, con sede en Brooklyn, el otoño pasado marcó el regreso de la autoimpuesta hibernación. Su tercer álbum Veckatimest (Warp, 2009) estuvo en muchas listas de lo mejor de aquel año. Defendidos por Radiohead, encargados del score de la película de Ryan Gosling, Blue Valentine, y luego de gira sin descanso durante dos años, convirtió el indie-folk de la banda en un éxito mundial.

Su nuevo disco, Shields, es algo así como una prueba de fuego, es el primero que no está escrito en su mayor parte por Droste, el frontman. El álbum no es un cambio enorme –no hay un sonido radicalmente nuevo– pero es más rico, las melodías llegan más a la superficie y está lleno de angustia absoluta.

"No, no es para deprimirse", insiste Droste, quien durante el año fuera de la banda se casó con su novio y tomaron un largo viaje de luna de miel por todo el sudeste asiático.

"Se trata de los espacios que hay entre la búsqueda de alguien con quien pasar el resto de tu vida, a querer tu propio espacio, a enfrentar tu mayor miedo a estar solo".

Sin duda, el matrimonio en pocas palabras, pero Droste ya ha pasado por todo eso.

"Somos cuatro personalidades muy fuertes y la banda es una democracia. Este álbum se convirtió en un proceso de mayor colaboración sólo porque maduramos, trabajamos las cosas, resolvimos los problemas".

Si han existido algunos caprichos, Droste y su compañero de banda Chris Bear han elegido diplomáticamente restarles importancia.

"No hubo un drama loco, simplemente no era una prioridad salir a cenar juntos todas las semanas", dice Bear sentado con Droste en el jardín del bar The Owl and Pussycat en Shoreditch, al Este de Londres.

"Estar en una banda es una cosa extraña", añade Droste.

"Somos amigos y nos preocupamos por los demás, pero también es una relación de trabajo. Es trabajo", dice encogiéndose de hombros.

"Tenemos una relación de amor-odio con Internet. Es una buena manera de difusión, pero...".

No dice más. Grizzly Bear fueron señalados ​por quejarse de Spotify en Twitter.

"(Es) bueno para la exposición, pero después de que nos escuchan unas 10 mil veces, nosotros recibimos apenas 10 dólares".

Es el resumen de Droste sobre el asunto, algo revelador dado que Spotify se supone que es legal, servicio pagado que va directo a los artistas. Como controversia, difícilmente coincide con Metallica en cuanto a niveles de egolatría y la paranoia a Internet. Grizzly Bear es una banda que escapa a las tentaciones innumerables de Nueva York y prefiere los retiros al desierto.

"Marfa es una ciudad desierta, en el medio de la nada", Bear nos cuenta con entusiasmo sobre su lugar remoto favorito en Texas (población: menos de dos mil). Cerca de la frontera con México, es donde Grizzly Bear decidió celebrar su reunión el año pasado. Se vieron, cocinaron, nadaron y comenzaron a trabajar en Shields.

"Allí grabamos mucho material, pero apenas usamos casi nada", admite Droste, y explicó que el viaje era necesario sobre todo porque la banda necesitaba "tomarse un momento para reencontrarse de nuevo".

"Yo no diría que era más fácil o más difícil de esta manera", considera respecto al tiempo que pasaron separados.

"Pero hemos llegado a un punto donde todo el mundo (en el grupo) nos podemos sentir igualmente entusiasmados con el álbum... Probablemente vamos a tener siempre una situación como Marfa, donde tenemos que pasar por esto para hacer algo nuevo", explica.

La banda parece muy acogedora por el momento. Pero, como todas las mejores historias de amor, es la separación y la reunión lo que hace las cosas más interesantes.

Grizzly Bear se presentarán en el Auditorio BlackBerry el 31 de enero próximo.

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