Mudhoney

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Mudhoney
Foto: Emily Rieman

Cuando se menciona la palabra grunge es imposible no pensar en Seattle e imaginar a Kurt Cobain (líder y vocalista de Nirvana) usando suéteres de segunda mano, el pelo grasiento y gritando letras que hablan de la desilusión y el aburrimiento adolescente. Es inevitable rememorar sus riffs de guitarras cáusticas que corrían a velocidad del punk, mientras que la batería de Dave Grohl evocaba la fuerza a tempo flemático del metal más rudimentario.

Muchos creen que el grunge se extinguió aquella madrugada de abril de 1994 cuando Cobain se voló los sesos, pero siendo justos con la historia, Nirvana fue sólo el último eslabón de un movimiento inspirado en la búsqueda de la franqueza del rock y el desmadre.

“La sombra de Nirvana, es mucho más alargada que la de Mudhoney, pero este último grupo encabezó el estallido del grunge de Seattle”, escribe Michal Azerrad en su libro Scenes from the American Indie Underground 1981-1991. Mientras que Bruce Pavitt, el fundador de Sub Pop, la primera disquera en fichar a Nirvana y el catálogo más fidedigno del auténtico sonido alternativo, declaró que: “Entre 1988 y 1989, Mudhoney fue capaz de barrer a Nirvana del escenario”.

Se puede decir que, casi oficialmente, la historia del grunge empezó con los primeros demos y las presentaciones de este cuarteto que hacía música inspirada en la furia fiestera, espontánea, amenazadora, y sumamente expresiva. Mucho antes que Cobain, los de Mudhoney ya hacían payasadas agresivas en el escenario. Saltaban y se estampaban los unos contra los otros y la distorsión surgida del choque de las guitarras era parte de su encanto y adrenalina.

Nirvana terminó, Kurt Cobain se unió al club de los 27 años y el grunge se diluyó hasta convertirse en un fetiche retro, pero los de Mudhoney siguieron dando guitarrazos sin importarles mucho las pautas de las tendencias.

Mudhoney tocará en la Ciudad de México parte de su más reciente álbum lanzado el año pasado Vanishing Point. Además nos deleitarán con sus éxitos (probablemente himnos), que forman parte del soundtrack de la historia del grunge como el clásico “Touch Me I’m Sick”.

Por Wenceslao Bruciaga

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