Galápago

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Galápago
Foto: Alejandra Carbajal

No esperes encontrar butacas ni un escenario con utilería. La obra de teatro Galápago, de la compañía Retablo Rojo, rompe con los estereotipos al presentarse en el Huerto Roma Verde, espacio que permite a la naturaleza ser testigo de una historia sobre la contaminación ambiental.

Escrita por Salvador Lemis y dirigida por Edgar Álvarez, la puesta en escena plantea recorrer diferentes escenarios del huerto junto a la tortuga Gali, en los que busca salvar a su abuela Jicotea, enferma tras habitar en un río sucio y contaminado por el hombre.

Para hallar una cura, la protagonista necesita de tres elementos: un pedacito de cielo, una flor que nunca se muera y una gota de rocío.

“Tratamos de involucrar a los niños durante el desarrollo de la obra para lograr una complicidad con ellos. Algunos le sugieren ideas a Gali para resolver la enfermedad de su abuela. También los invitamos a participar a través del dibujo, que es un lenguaje universal, para que ofrezcan respuestas con imágenes", explica Álvarez.

El montaje de 45 minutos va dirigido a pequeños de entre cuatro y nueve años, para incentivarlos, desde un discurso poético, al cuidado y preservación de la Tierra.

“Sin duda hay que verla para conocer el espacio, pues es un lugar maravilloso en el que no podrías creer que estás en centro de la colonia Roma, sino más bien en Cuernavaca o Tequisquiapan. Itineramos con el público para conocer los distintos rincones del huerto y los ecosistemas que habitan los personajes, como un estanque o un área con flores”.

Tres actores recrean sobre escenarios naturales los distintos personajes que conforman la fábula. La actriz principal sólo interpreta a la tortuga (alternan Sol Lazo y Leonora Cohen), pero María José Vargas y Mitzi Mabel Cadena (también en funciones intercaladas) permiten que la abuela Jicotea, la gaviota, un burro y un cangrejo cobren vida; mientras que Alberto Santiago y Antonio Peña (en alternancia) interpretan un papagayo, un cocodrilo y hasta un letrero.

En coherencia con el tema y el mensaje de la obra, el vestuario, diseñado por Raquel Saavedra, está hecho con materiales reciclados de papel y cartón.

Como Galápago es la adaptación de un texto cubano, el director hizo algunos ajustes en el acento de los actores para que sonaran mexicanos. El burro, por ejemplo, habla norteño, mientras que el cangrejo, veracruzano. Además, gracias a la música de Alberto Santiago, se escuchan melodías de huapango y son.

Galápago también se ha llevado a patios, jardines y auditorios escolares donde no hay elementos escenográficos, pues la imaginación es suficiente para entrar en ficción. En un futuro, se espera presentarla en el Zoológico de Chapultepec.

Como recomendaciones generales, no olvides llegar 15 minutos antes para conocer el huerto, llevar zapatos cómodos, una gorra y protector solar.

Por Karina González Fauerman

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