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Cartas del DF a los Reyes Magos

Si nuestros barrios pudieran hablar, ¿qué pedirían?

Ilustración: Diego Martínez
Que los borrachos dejen de orinarse en mis canales

Que los borrachos dejen de orinarse en mis canales

Estimados reyes:

Este año fue para mí un ir y venir de borrachos impertinentes. Ya chole, ¿no? El otro día un chamaco que salió de la prepa se aventó encuerado al agua mientras sus compañeros lo celebraban como changos enardecidos. Y yo, que he visto morir a tanta gente ahogada, nomás aguantando en silencio la vergüenza y los nervios.

Recuerdo los días tranquilos en que por estos canales navegaban mujeres acarreando flores y verduras para venderlas en los mercados locales. Sí, tiraban basura y hacían relajo, pero no huían después a otro lugar dejándome a mí los platos rotos.

Entiendo que los tiempos han cambiado y por eso no pido que todo sea igual, pero antes me llevaba mejor con la gente. ¿No puede ser así? Ahí les encargo.

Atte. Xochimilco

Que me pongan una línea del metrobús

Que me pongan una línea del metrobús

Reyes Magos, S.A. de C.V.

A quien corresponda:

Por medio de este oficio, la ciudad corporativa de Santa Fe les solicita una urgente válvula de escape para el tránsito endemoniado que padecemos a diario.

No está de más recordarles que esta ciudad sufre por la pésima planeación de sus desarrolladores, que sólo nos dejaron ese bracito llamado Constituyentes para alcanzar a barrios hermanos más allá de las barrancas.

La situación ha empeorado cada vez más con edificios y nuevas empresas apareciendo y solicitando personal. Lamentamos ver el cansancio acumulado de todos esos trabajadores que tienen que hacer trayectos de más de dos horas para volver a sus casas.

Una línea de transporte masivo nos aliviaría mucho. Sabemos que no es fácil, pero creo que tampoco es mucho pedir si ya nos atravesaron una supervía elevada que ni queríamos. Además, esta zona aporta tanto a la vida en el DF que creo que nos lo hemos ganado.

Atte. Santa Fe

Que hagan más calles peatonales

Que hagan más calles peatonales

Muy estimados Señores Reyes Magos:

Por medio de la presente les hago llegar un saludo afectuoso, deseándoles salud y bienestar hasta el lejano oriente. Como saben, soy un adulto mayor que no quiere problemas ni ajetreos. Por esto me ha caído muy bien la peatonalización de algunas de mis calles.

Al principio estaba preocupado por cómo funcionarían. Afortunadamente con Madero y Regina hasta los comerciantes que al principio se oponían, ahora piden más. Claro, tienen mejores ventas.

Por mi parte, cuando veo a los turistas deambular tranquilos entre Bellas Artes y el Zócalo me revitalizo. Quisiera que otros lugares de la ciudad vivieran lo mismo, pero entiendo que algunos son jóvenes y tienen otras necesidades. Ya el tiempo y los ciudadanos lo dirán.

Eso sí, peatonalizar y urbanizar sin marginar a nadie, por favor, porque no se trata de dividir entre peatones y automovilistas, ricos o pobres. Yo los quiero a todos aquí. Que tengan una muy feliz Navidad. Saludos al Niño Dios.

Atte. El Centro

Que le jalen la correa a los dueños irresponsables

Que le jalen la correa a los dueños irresponsables

Estimad@s Reyes (o Reinas, porque acá somos inclusivos) Mag@s:

Me gustan los perros porque son tiernos, leales y chistosos, pero a veces quienes no me gustan son los dueños.

En estos días se puede ver de todo, desde esta onda de los “perrhijos” que los tratan como bebés, hasta personas que los sacan a pasear de mala gana.

Sólo les pido que le den un jalón de orejas a los dueños irresponsables. Si quieren tener perro, que lo atiendan.

Seguido me entero de algún pobre animal que vive en una azotea. Si no tenía suficiente espacio, ¿para qué se echa el compromiso desde un principio? En el Parque México también se pasan. Ahora parece que hay más perros que personas, y lo peor es que cada vez es más común encontrar heces en cualquier lado. Sí, los dueños se han vuelto más responsables, no lo voy a negar.

Pero nunca falta el que se hace el desentendido después de que su can hizo lo que tenía que hacer.

Atte. La Condesa

Que los hipsters se queden en la Roma-Condesa

Que los hipsters se queden en la Roma-Condesa

¡Esos Mirreyes Magos!

Tal vez no me reconozcan porque en los últimos años cambié mi apariencia. De verme como señorita de los cincuenta, ahora impresiono a varios con condominios hipermodernos, calles repletas de restaurantes y hasta Starbucks para echar el cafesuki.

Todo cambió desde que me empecé a juntar con unos chavos bien cool que se mudaron acá porque en la Roma les subieron las rentas. Son como artistas, diseñadores o periodistas. Usan gafas de pasta y les encanta pasearse en mis cantinas viejas para tomarles fotos y subirlas a internet.

Pero ahí es donde empezó mi bronca. Después de esa publicidad, ahora más banda creativa se está dejando caer y amenazan con desplazar a Vicente el sastre, la familia Martínez (que vive en la única casa que queda en una cuadra de multifamiliares) y a Doña Peta la de la comida corrida de la esquina.

No me confundan, me caen bien los nuevos vecinos, pero está supermanchado que conviertan mis calles en marcas comerciales mientras todo se encarece y se vuelve impagable para mis vecinos de toda la vida, gente con la que crecí, que quiero y me importa. ¡No hay que ser gandallas!

Por eso, ¿qué tal que dejamos las cosas como están? Me quedo con los hipsters que ya tengo —¡se ven supermonos paseando perros y vestidos de American Apparel!—, pero que los demás no crucen el Viaducto, porfis. Que la fuerza los acompañe. Namasté.

Atte. La Narvarte

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