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Despacho de arquitectos MMX

Platicamos con este grupo de arquitectos, quienes consideran el uso de la calle como prioridad para “hacer ciudad”

Despacho de arquitectos MMX  (Foto: Alejandra Carbajal. )
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Eran cuatro. Los arquitectos Jorge Arvizu, Diego Ricalde, Emmanuel Ramírez e Ignacio Del Río iniciaron, hace cinco años, un despacho que buscaba no sólo generar proyectos para la ciudad­­­­, sino crear un discurso de cómo debía ser el DF. Surgió MMX.

Juntos han diseñado desde propuestas privadas, como el restaurante Merotoro, en la Condesa, hasta obras públicas, como la estructura temporal de la Feria de las Culturas Amigas 2015, montada en el Zócalo. Sin embargo, su principal interés está en “hacer ciudad” a partir del uso de la calle y de convertirla en un lugar caminable y, por ende, habitable. Por ejemplo, el proyecto que tienen en el restirador, un megacorredor cultural en el Centro.

“Trabajamos con las conexiones del Centro que ya existen, pero que no se están aprovechando. Pensamos en corredores urbanos, que llamamos ‘la red cultural del Centro’", dice Diego.

“La estrategia del proyecto es facilitar arquitectónicamente la navegación del punto A al punto B, en el primer cuadro del DF. Mapeamos el mínimo número de calles necesarias para enlazar corredores. Al darle prioridad a éstas y arreglarles el transporte público y las banquetas –a través de mejoras de diseño urbano–, el peatón sabría por dónde avanzar; por lo tanto, caminaría y encontraría siempre un espacio público identificable. Se vuelve un lugar para peatones y ciclistas”, asegura Emmanuel.

Aunque este es un proyecto que aún no tiene un cliente específico, la intención de MMX al plantearlo es incentivar la creación de propuestas como éstas, que dan lugar al peatón. En este caso, de andadores para conectar la Alameda con Bellas Artes, luego el Kiosco Morisco y después el Museo del Chopo, del Eco y otros espacios culturales del Centro, San Rafael y la Santa María la Ribera.

Arquitectos que son profesores
Uno de los pilares del despacho es la academia. Gracias a su vocación docente, MMX ha involucrado a las generaciones de estudiantes de arquitectura. En las clases que imparten, desarrollaron Territorios, una serie de microintervenciones urbanas que los estudiantes conciben y llevan a la práctica.

“Son reflexiones sobre las complicaciones urbanas de los valet parking, la basura, los respiraderos del Metro, el agua. Temas en torno a la ciudad”, asegura Diego.

En una de ellas, los estudiantes construyeron –con cubetas de plástico– una estructura multiusos que “abandonaron” en un parque para observar cómo el peatón la ocupaba. Descubrieron que en zonas donde la administración local había colocado bancas, la gente prefería usar su estructura improvisada de cubetas para sentarse, pues las bancas fijas habían sido colocadas bajo el rayo del sol, sin planeación. El experimento de los alumnos permitía hacer un diagnóstico, a muy bajo costo, de qué, dónde y para qué necesitaba la gente el mobiliario urbano.

“Otro ejercicio lo hicieron en Chapultepec. Cuando alguien tiraba basura, dependiendo del impacto ecológico del objeto, le colocaban un círculo de cierto radio para marcar el área contaminada (si era una colilla de cigarro se trazaba una circunferencia más grande, por ejemplo). La calle se volvía casi intransitable, porque la gente sentía que no debía pisar los círculos”, asegura Jorge Arvizu.

Hagamos ciudad
Actualmente están trabajando con Reurbano, un grupo de desarrolladores que ocupa edificios antiguos en colonias como Centro o Juárez y, los rehabilitan. MMX se suma para generar propuestas de reutilización del espacio.

“Reurbano compra un edificio –por ejemplo– de 1920 que está en malas condiciones, pero aceptables para remodelarlo. Entonces, nos contratan. El problema es el estacionamiento que exigen las autoridades. Éstos no se pueden construir porque habría que tirar el edificio para hacerlos. Reurbano busca los caminos legales para que no se destruyan estas memorias de la ciudad y así rescatar joyas arquitectónicas. Al no tener estacionamiento, el habitante tiene más contacto con el exterior, porque ya no llegas en tu coche. Debes ‘tocar’ la calle y crear una comunidad más atenta al sentido urbano”, asegura Diego.

"La tendencia, de quienes pueden, es tener vidas más compactas. Por practicidad, prefieres caminar 10 minutos a estar dos horas en coche"

“El cambio está en cómo se relacionan los edificios con la ciudad. Cuando llegó el coche, los edificios –en los setenta– se hicieron con grandes estacionamientos. Luego, cuando hubo más tecnología, llegabas en tu coche al estacionamiento y el elevador te escupía ya en tu piso. ¡No tenías contacto con nada de la ciudad! El cambio es ahora cómo se vive la urbe. La tendencia, de quienes pueden, es tener vidas más compactas. Por practicidad, prefieres caminar 10 minutos a estar dos horas en coche. Es un cambio que nosotros empujamos: mayor integración con el espacio público. Hemos sido necios para que los departamentos tengan relación con la calle y haya el mínimo de departamentos interiores, o bien, que tengan escalinatas con vista al exterior. Esto elevaría la calidad de vida de la gente”, asegura Ramírez.

Para MMX, cualquier metrópoli puede tener muchas viviendas, pero si ellas no tienen un espacio que permita el flujo entre ellas, el encuentro, no hay ciudad. Su filosofía: la unidad de la Ciudad de México debe ser la calle, por lo tanto, merece respeto y proyectos arquitectónicos amigables con ella.  

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