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El DF en todos tus sentidos

Una monografía de las experiencias únicas de nuestra ciudad, desde los tímpanos hasta las plantas de los pies

 (Ilustración: Diego Martínez)
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Ilustración: Diego Martínez

*La thalía, la gloria trevi o la cubana que están bien ricas. Nos referimos a las tortas callejeras, no seas malpensado.
*Los mezcales en Sabrá Dios? con sus naranjitas y chilito. Disfrútalo en shots.
*Todos los platillos internacionales que manejamos con maestría: las enchiladas suizas, las hamburguesas hawaianas y las tortas cubanas. Hechas 100% en México.
*La delicia de probar un algodón de azúcar rosa-morado-azul en la Alameda Central.
*Darte el placer de un Banana Split de Chiandoni, no hay otro igual.
*Los chiles en nogada de Nicos. Es una experiencia que nadie se debe prohibir.
*¡La oferta gastronómica las 24 horas! No importa la hora del día o la noche, siempre puedes encontrar un buen lugar.
*El glamour de un buen taco de barbacoa a bordo de una trajinera en Xochimilco.
*Las tortas de tamal y de chilaquiles que desafían las arterias de los más valientes.
*La mayor variedad de tacos, desde los de cochinada hasta los de pastor del Vilsito, pasando por los de aguacate en Quintonil.
*La innovación de los cocteles. En lugar de copiar tendencias de otros países, exploramos con nuestros propios ingredientes, como el mezcal, la raicilla y el nopal.
*Los pescuecitos, de tres por diez pesos, nadando en salsa valentina. Para chuparse los dedos.
*La excelente relación costo/sabor de los alimentos. Desde las quecas de la esquina hasta la torta gladiador de El Cuadrilátero.
*El pastel de té verde, los tés japoneses, indios, chinos y, para los de paladar rudo, el café turco. Siglos de tradición asiática en Café Ruta de la Seda.
*Tener una boutique de tamales de todos sabores y colores en la calle de Sabino, en Santa María La Ribera: Tamales Cintli.
*Los carritos de mango en cada esquina.
*El Mercado de San Juan, que resguarda un pequeño puesto de tapas y baguettes: La Jersey. Lo maravilloso es que te regalan un vasito de vino tinto para acompañar.
*La opción de ponerle cualquier tipo de salsa picante a la pizza o a cualquier platillo que tradicionalmente no lo lleve.
*Las empanadas de queso con papa y el pastel de miel del restaurante ruso Kolobok.
*¿¡Pizza de enchiladas verdes!? En la Pizza del Perro Negro son una realidad. Paraíso de los gordos.
*Los postres de té chai de la pastelería japonesa Mari's Pastry (San Luis Potosí 116, Roma).
*Los helados Roxy, el de plátano, el de maracuyá, el de fresa... ¡Todos!

 (Ilustración: Diego Martínez)
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Ilustración: Diego Martínez

*Los guitarrazos de las tocadas de bandas independientes en el Multiforo Alicia. El sonido de la adolescencia.
*Esas veces que suena como el fin del mundo, pero sólo son cohetes para San Judas.
*La música clásica que cada Navidad tocan algunos estudiantes en Madero.
*Los músicos callejeros que hacen covers de los Beatles en Filomeno Mata y 5 de Mayo, en el Centro.
*Los gritos de protesta que llenan Reforma. Gente de todos los rincones del país viene aquí a exigir sus derechos.
*Los gritones sobrevivientes de unos barrios: personajes encargados de anunciar las noticias de la colonia.
*El sonido vibrante de los gritos y porras en un partido de la selección en el Azteca.
*El arte del Espacio de Experimentación Sonora del MUAC, una pequeña sala diseñada para ensoñar desde los tímpanos.
*Los despliegues de danzón y melodías nostálgicas de la Plaza de la Ciudadela, aunque no sepas bailar saldrás meneando la cadera.
*"Hay tamales oaxaqueños, tamales calientitos...pida sus ricos tamales oaxaqueños".¿Te hicimos leer estas líneas cantaditas?
*La gran variedad de conciertos por semana, tanto internacionales como de talento local emergente.
*Garibaldi. Siempre estará ahí para malcopear por tu ex o dedicarle algo bonito a tu mamá en su cumpleaños.
*Albergar a la población amerindia más grande del mundo, con 360 mil indígenas de diferentes grupos étnicos. Por lo mismo, casi todas las lenguas del país se pueden escuchar aquí.

 (Ilustración: Diego Martínez)
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Ilustración: Diego Martínez

*Tener un trompo de pastor en cada esquina, nuestro verdadero símbolo patrio.
*La oferta teatral. Tenemos obras desde 30 pesos hasta grandes producciones de Broadway.
*Las obras de arte que hay al ser la ciudad con más museos y recintos culturales.
*El alumbrado navideño del Zócalo. Ve y disfruta de tus impuestos.
*El mirador del Monumento a la Revolución. No es el más alto, pero sí tiene la mejor vista 365° del corazón de la ciudad.
*Todas las ediciones de El libro vaquero y Las chambeadoras. ¿Quién dice que los mexicanos no leemos?
*Las escenas surrealistas que ocurren todos los días, al estilo de Alejandro Jodorowsky.
*Las esculturas vivientes del Centro.
*Todos los estilos arquitectónicos conglomerados. Pasear por el DF es viajar en el tiempo, desde las casas art noveau y art decó de la Roma, hasta las haciendas coloniales de San Ángel o Coyoacán.
*El Museo Nacional de Culturas Populares, donde puedes admirar el increíble folclor de la identidad mexicana.
*Lo irresistible que es tomarse una foto en el piso de ajedrez del Castillo de Chapultepec, que además tiene una vista increíble hacia el bosque.
*La belleza multicolor del Kiosco Morisco, en la Santa María la Ribera, diseñado por el ingeniero José Ramón Ibarrola.
*Todo lo que te puedes encontrar en Coyoacán, desde los darks vendiendo rosas negras, hippies vendiendo "café", hasta lobukis contoneando su cuerpo sobre sus tacones.
*Las maravillas arquitectónicas como los rascacielos y los edificios contemporáneos en Santa Fe y Reforma.
*Tener la segunda población urbana más grande del mundo: siempre hay gente por conocer y puedes salir en pijama sin encontrarte a nadie, ver y ser visto.
*El estilo barroco y rococó de las iglesias del centro y el neoclásico del Munal.
*La experiencia de ver una buena peli tirado en el pasto de la Cineteca Nacional, a la vez que romanceas con tu peor es nada.
*¿Quién no ha buscado su casa desde el mirador de la Torre Latinoamericana? Es mucho más divertido que hacerlo en Google Maps.
*Las opciones de shopping: desde boutiques de alta costura en Masaryk, hasta showrooms de diseñadores independientes, mercados de ropa vintage como La Lagunilla y ropa artesanal indígena.
*La majestuosidad y las exposiciones de Bellas Artes. Puro amor para los ojos.
*Los lugares llenos de historia, como la Plaza de las Tres Culturas, testigo de la época prehispánica, la colonial y la contemporánea.

 (Ilustración: Diego Martínez)
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Ilustración: Diego Martínez

*Las texturas de las obras y artesanías que inundan la Plaza de San Jacinto en San Ángel.
*Nuestras áreas verdes (pocas pero bonitas), no es necesario salir de la ciudad para acostarte en el pasto del Bosque de Tlalpan, el Parque Hundido o el Cenart.
*La sensación de encerrarte en una burbuja gigante en el Papalote Museo del Niño.
*El azúcar que te queda en los dedos después de disfrutar de los churros de El Moro.
*La textura peculiar del pulque.
*La sensación que produce la tortilla taquera (empapada de limón) en la mano.
*Los baches, sí, después de caer en un par desarrollamos un supersentido para esquivar cualquier obstáculo.
*El clima con las cuatro estaciones del año en un solo día.
*Saber perfectamente qué hacer durante un temblor: no corro, no grito, no empujo y como un pan después para el susto.
*El precio del transporte público, ya sabemos que no te gusta el apretujamiento, pero aunque ya cuesta $5, el Metro es de los más baratos del mundo.
*Los 2 mil 250 metros sobre el nivel del mar nos convierten en mucho mejores atletas de lo que pensamos.

 

 (Ilustración: Diego Martínez)
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Ilustración: Diego Martínez

*El viaje a India y Pakistán tras oler las especias que te envuelven al pisar Tandoor.
*El mix aromático de los árboles de Navidad, la fruta y la deliciosa comida del Mercado de Mixcoac en diciembre.
*El perfume del cempasúchil en las ofrendas de la ciudad en el Día de Muertos.
*La sensación de libertad que da la esencia de pasto mojado en Ciudad Universitaria, el Bosque de Chapultepec o el Bosque de Tlalpan.
*Todas las flores del Mercado de Jamaica, el abastecedor más grande de ellas en la ciudad.
*El encantador vaporazo de los tacos de canasta en su prisión de plástico, tela y mimbre.
*El olor "purificante" a incienso de los chamanes del Zócalo.
*El dulzor olfativo de las gorditas de nata que venden afuera de las iglesias, envueltas en papel de china.
*El aroma de los muebles de madera del Museo del Carmen, que traslada a la época de los carmelitas que lo habitaron en el siglo XVII.
*La experiencia de beber chocolate y café recién molido sin siquiera abrir la boca. Tu nariz será la primera en gozar esta mezcla en el Jarocho (México 25-C, Coyoacán).
*La fragancia inigualable del pan de dulce de Maque (Ozuluama 4, Condesa).
*El olor que despiden los libros viejos en Donceles y el aroma a tinta fresca de las ediciones nuevas de la Rosario Castellanos.



Cada calle del DF tiene sus propios soundtracks, escenas, aromas, texturas y sabores. Hay desde las voces angelicales que anuncian el gas, hasta los "toques" de diez pesos en las cantinas del Centro, pasando por las construcciones prehispánicas de Cuicuilco, los platos de migas en Tepito y el olor a incienso de los chamanes en el Zócalo. Definitivamente, la Ciudad de México es única, en todos los sentidos. Por eso, te invitamos a disfrutar de las sensaciones que la hacen un lugar inconfundible, incomparable y digno de conocerse.

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