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Guárdalo

Restaurantes para impresionar a tu suegra

Llévala a comer, hazle la barba y queda bien en estos lugares

Valkiria

Recomendado

Cuenta la leyenda en la mitología nórdica que Las Valkirias se encargaban de los hombres que morían en la guerra y los llevaban al paraíso para que pudieran combatir al lado de Odín en la batalla del fin del mundo. En su estancia los curaban, cuidaban y atendían para que nada les faltara, siempre atentas a que sus platos estuvieran servidos con delicias, y sus copas llenas… Algo similar pasa con esta versión más terrenal y más sibarita del Valhalla: el personal del Valkiria en verdad se desvive para que tu estancia sea confortable y nada te falte.El chef encargado es Christian Martínez, un hábil experimentalista que no se acobarda a la hora de combinar sabores. Veamos algunas de sus joyas: por ejemplo, el carpaccio de res con pico de gallo mango, una valiente mezcla de fuerzas que parecerían incompatibles y que en el paladar se reconcilian como si hubieran sido creados ex profeso para estar juntos. Para el plato principal nos gustó el pato con miel de mezcal y jalea de tomate: una creativa fusión del ave con el alcohol y el dulce. Odín estaría contento.Los postres siguen la misma tónica arrojada en la experimentación. Ejemplo: el Duo de créme brulée de lychees y cardamomo. Una delicia.El lugar está ubicado en una planta alta y su terraza tiene vista a Masaryk. Entre las mesas se cruza una fuente a lo largo del salón y al fondo se asoma una sala lounge con una cascada, todo esto acompañado de un jazz muy tenue.Y cuando cae la noche, el lugar se transforma en un lounge y se lle

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Polanco

Charlotte

Al decir bistró todos nos imaginamos un pequeño restaurante de comida estrictamente francesa. Charlotte sale de ese lugar común y ofrece una carta mediterránea, con muchas más opciones que la típica quiche lorraine y las crepas. Fuera del bullicio y caos vial de Polanquito, este es un lugar netamente de barrio, en donde habitantes de la zona comen desde hace 17 años. La propietaria Charlotte Williamson te atiende personalmente, mientras te platica la carta con su perfecto acento francés te vas enamorando de cada uno de los platillos que describe. La comida es sencilla pero con una sazón exquisita. De entrada puedes pedir un sashimi corte fino de atún, con jengibre y ajonjolí o unos higos caramelizados con balsámico y queso brie. Las porciones tienen un tamaño ideal, ni inmensas como de franquicia gringa ni diminutas como de restaurante moderno. Entre las opciones de platos fuertes es donde más se deja ver este menú mediterráneo ecléctico, con platillos griegos, italianos y del sur de Francia. Recomendamos cerrar con un pastel de ganache de chocolate, de textura suave que se mezcla con la base de galleta crocante, lo suficientemente amargo para poder comerte una rebanada entera sin empalagarte. Acompáñalo con un té natural de cereza, éstos son servidos en tetera así que son ideales para compartir.   Si visitas este Charlotte no esperes encontrar un lugar de moda con una decoración de diseñador. El local no tiene lujos ni pretensiones, es como llegar a casa de tu tía, un lug

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Chapultepec Primera Sección

Novecento

La nostalgia como ingrediente comestible. Y no hablamos de la que nos remite a un homo sapiens del 10,000 a.C. zampándose un kilo de mamut, sino de la atmósfera. Como aquel Novecento que abriera en el Soho neoyorquino en 1991, este local transmite el ambiente de ese lugar primigenio. Uno en el que la media luz, la madera, el mármol y la piel riman con espejos esmerilados y la decoración con fotografías y periódicos vintage de El Gráfico argentino. Para acceder al comedor, debemos atravesar una barra con un candil enorme que da luz a las botellas y a una zona para quien prefiera una copa en un espacio más íntimo.  La cocina está a la vista de la terraza principal, coronada por una barra para literalmente ‘crudear’, con riesgo de reincidencia, con el menú ‘raw’ anotado sobre pizarrones. La carta de vinos dispone de una selección meditada de las regiones argentinas de Salta, Patagonia, Mendoza y San Juan. Un Graffigna cabernet es el elegido para el viaje. Brújula atinada.  Los entrantes de mar y tierra ofrecen tostadas de ceviche y atún, tacos de pato y carpaccio de rib-eye. Por su parte, el menú del raw bar se muestra suculento: ostiones, king crab, pata de mula y almeja chocolata se acompañan con salsas de la casa a elegir. También hay cuatro variedades de tiraditos. El de pescado con ajis amarillos y leche de tigre opta por acompañarse de tortas de plátano (¿quién dijo que las tostadas son necesarias?), cuya consistencia seca logra un contraste ideal con lo jugoso del tirad

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Chapultepec Primera Sección

Central Central

Recomendado

Es una charcutería y marisquería que pertenece a la misma cadena de Central Brasserie, por lo tanto espera la misma calidad de los platillos y los mismos precios absorbe-quincenas. El restaurante está muy bien diseñado: una terraza increíble con vista a la barranca, todo hecho con ladrillo, madera y metales viejos. De jueves a sábado hay DJ a partir de las 10 pm, y todos los días en el bar 2x1 de champaña de 6 a 7 pm y de 12 a 1 am, para que te sientas millonario por un día. Puedes ir con tus amigos o con una cita que impresionar. El chef ejecutivo, Edgar Silva, hace su menú enfocado en 3 cosas: quesos orgánicos, embutidos y mariscos frescos. Una de las cosas que más me gustó de la carta es el King Crab, que se recomienda fresco o a las brasas, y viene acompañado de unas salsas, alioli, tártara, chipotle y mayonesa; otra es la orden de almeja chocolata que recomiendan rasuradas en su concha; pero si quieres probar un poco de todo hay una fuente de mariscos que tiene King Crab, camarones frescos para pelar, almeja chocolata y ostiones. El caldo clarificado de jamón jabugo es un plato sencillo que normalmente viene con verduras, pero aquí le agregan jamón ibérico para darle un sabor mucho mas rico. Para los platos fuertes puedes escoger de una de las creaciones de Silva como el robalo con camarones, espárragos y jabugo o uno de los clásicos de C.B. (Central Bresserie) como el filete Rossinni o la sopa de cebolla. La carta de vinos y champañas es muy extensa, de calidad y ade

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Santa Fe

Tori Tori Temístocles

Recomendado

Un restaurante innovador en su arquitectura y diseño, reconocido por su refinada cocina japonesa y su concepto muy nice. Sólo un gallito (el logo del restaurante) te deja saber que esa puerta negra en Temísocles es el destino. Un hombre vestido de traje con un audífono manos libres susurra algo a su pequeño micrófono y te abre la puerta. Al entrar, lo primero que ves es esta impresionante estructura creada por el despacho mexicano Rojkind Arquitectos en conjunto con Esrawe Studio. Atravesar la puerta sientes que entraste al primer mundo. Hay diferentes espacios para sentarte, la terraza es excelente para un día soleado. Si el clima no lo permite –o no hay mesas disponibles– los salones de adentro también son buena opción. Uno de los espacios de la segunda planta está hecho de madera, con un alto jardín vertical y mesas sumergidas en el piso de forma que tienes que bajar un par de escalones para poder sentarte. Después del shock visual, viene el shock al paladar. El tazón de atún es una delicia: cubos de atún fresco marinado con pedazos de aguacate perfecto, sobre una ligera capa de alga y una cama de arroz blanco. Los sushi cakes como segundo plato también son altamente recomendados: pequeños rectángulos de arroz asado, al punto que se vuelven crujientes y sobre ellos camarón marinado, suave y fresco. Por si fuera poco este es uno de los pocos restaurantes en la ciudad que cuentan con hueva de erizo, mejor conocido como uni. De postre, pide helado mochi de frijol rojo, qu

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Polanco

La Casa de las Sirenas

En un lunes festivo (uno de esos días contradictorios en los que siendo lunes todo está cerrado) me encontraba caminando, desesperada por encontrar un lugar abierto donde mi amigo (de visita desde Londres) y yo, nos pudiéramos tomar una cerveza, tranquilos, lejos de los tumultos. A punto de desistir, recordé este pequeño lugar justo detrás de Catedral. Un edificio del año 1750 que desde hace siglos –literalmente: cientos de años– es conocido por las figuras de sirenas que rematan su fachada, y que desde mediados de la década antepasada sirve como restaurante y bar para días festivos. El hallazgo fue grato: los interiores tienen ese gusto atemporal de los muebles viejos, de las maderas centenarias. En la terraza hay una muy bonita vista de la parte posterior de Catedral y del Templo Mayor. (Una advertencia para aquellos que tienen paranoia a los sismos: en la terraza, cada que pasan los meseros, el piso tiembla como si pasara un trailer muy pesado. Quizá para ellos, lo mejor sea pedir la orden en las mesitas que están sobre la acera peatonal.) El menú es mexicano, mexicanísimo. De entrada una cazuelita de tuétano o de jaiba. Luego, una sopa de ostiones… que hay que decirlo, está picosa. De plato fuerte recomendamos más los pescados que, finalmente, esta casa es de sirenas… Nuestra elección: el robalo al ajonjolí. Definitivamente es un lugar que visitar si se está por los rumbos: es muy tranquilo, se come rico y resulta perfecto para zafarse por unas horas de ese caos milenar

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Centro

Panadería Rosetta Juárez

Recomendado

Érase una vez un restaurante con una panadería cuyo pan era tan bueno que toda la gente lo comía. Ovaciones lo llevaron a abrir un estrechito local en la Roma, rústico y sofisticado a la vez. Su luz dulce y el alegre jazz en el aire reflejaban el sabor candoroso de sus panes. Pero no era suficiente tener los mejores pains au chocolat de la ciudad; no eran suficientes sus roles de ricotta ni sus delirantes berenjenas a la parmesana. Tampoco sus decentes precios o uno de los mejores americanos de la zona. Hacía falta espacio. Nada puede dar más gusto que algo de calidad llegue a más lugares. Abrir otra panadería ya parecía inevitable. Fue así que la chef Elena Reygadas, una de las mujeres más aplaudidas en la gastronomía de la ciudad, abrió otro espacio en la Juárez, a unos minutos de sus otros locales. La nueva Panadería Rosetta es muy atractiva. Pisos blanquinegros, candelabros oxidados, barras con asientos de cuero negro. Techos altos y paredes que entremezclan unos supuestos frescos deslavados con otras de grandes ladrillos expuestos. El centro de la panadería son unas vitrinas que seducen a cualquiera, con panes mostrándose en todo su esplendor. El antojo es la mejor brújula aquí, pues no hay nada que sea malo. Además de la barra, también hay una terraza de piso de piedritas con mesas metálicas y un segundo piso más íntimo. Lo único que le cambiaría sería la música de éxitos recientes de pop por el jazz que ponen en la de la Roma. Ofrecen café, un muy buen americano, y

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Juárez

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