Alfredo

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 (Foto: Alejandra Carbajal)
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Hay un hombre en el escenario, pero su nombre no es el que da título a la obra. Alfredo es un leopardo, uno de los muchos habitantes de un zoológico liberados por ese hombre que atraviesa una crisis personal y, quien al mirar a los animales que custodia cada noche, mira el reflejo de su existencia. Entonces les da su libertad para que él sea libre también. El desahogo de un solo individuo afectará a toda una población, que se verá asechada por sus propios instintos primitivos enjaulados.

Sin más elementos que seis breves módulos de madera y los sonidos que la actriz Xóchitl Galindres despliega a un costado del escenario, Hugo Arrevillaga aprovecha el texto de los actores canadienses Emmanuel Shwartz –actor de cabecera del dramaturgo y director Wajdi Mouawad– y Alexia Bürger, para contar una historia sencilla sobre el enfrentamiento del ser humano con su naturaleza, a partir de la mirada retadora, provocativa y amansadora de un leopardo.

Con esta historia sobre seres que están a punto de colapsar, Hugo Arrevillaga retorna, en más de un sentido, a sus raíces profesionales: monta a un autor muy relacionado con su bien amado Wajdi Mouawad (Incendios, Litoral), y vuelve, tras varios montajes en distintos foros, al escenario del Teatro La Capilla, el recinto que lo vio nacer como creador escénico. El director también vuelve a plasmar aspectos personales e íntimos en su teatro. Esto es notable al escucharlo emocionado sobre la mirada de una mascota, el tacto de un objeto que pertenece a su hija y la evocación de la infancia ante todo lo que puede ocurrir en la mente del espectador al presenciar una escena de su obra.

Hariff Ovalle (Demasiado cortas las piernas, Simulacro de idilio), uno de los actores más arriesgados y constantes del teatro independiente, es el encargado de implotar y explotar sus vastos recursos físicos y vocales para dotar de vida a cada uno de los personajes de este relato sobre salvajismos, encierros, libertades y otros asuntos inherentes a la esencia más sutil y noble del ser humano.

¿En qué bestia te verás reflejado? Descúbrelo en este íntimo monólogo que desnudará nuestros instintos más primarios.

Por Enrique Saavedra

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