Algo de un tal Shakespeare

Teatro, Shakespeare
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Algo de un tal Shakespeare
Foto: Cortesía de la producción

Dentro del teatro y en cualquier parte del mundo, su nombre es El Nombre. Por eso cada que lo pronuncian, ambos dibujan en el aire una señal épica y lanzan un grito de guerra. Así demuestran su respeto para el mayor dramaturgo de la historia. Y sólo así, porque a lo largo de este espectáculo lo que predomina es todo lo contrario a la reverencia y sacralización del Bardo.

Creada a partir de una conversación telefónica en la que Adrián Vázquez tomó por equivocación las obras completas del “Cisne de Avon”, esta propuesta acerca al joven público a tres de las obras más importantes del drama universal a partir de elementos más propios de la cocina de un restaurante que de un escenario teatral: frutas, verduras y cuchillos dan vida, color y jugo a las tragedias Romeo y Julieta, Macbeth y Tito Andrónico.

Los pleitos y batallas que suceden en estas obras son representados por guerras de comida -cada vegetal es un personaje-, que provocan los más genuinos asombros y carcajadas. De paso, cumplen con creces el objetivo de acercar a los jóvenes a la palabra y a la acción: al teatro. Y lo hacen a la manera más shakesperiana: con ingenio, espontaneidad y frescura.

Además, estas batallas culinarias e isabelinas sirven para demostrar el altísimo nivel que es capaz de ofrecer Adrián Vázquez como completo y vibrante creador escénico y del avasallante don que habita en Sara Pinet para ser siempre impecable y coherente sobre el escenario. El trabajo de ambos es y debe ser un referente del teatro para joven -y para todo- público.

La irreverencia y desacralización de la que Vázquez y Pinet hacen gala es el mejor homenaje a ese hombre -genio, mito- que, a decir de Harold Bloom, es el inventor de la humanidad. Dios guarde y ellos resguarden a William Shakespeare.

Por Enrique Saavedra

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