Almacenados

Teatro, Drama
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Almacenados

Todo queda en familia. Héctor Bonilla actúa al lado de su hijo Sergio y ambos son dirigidos por Fernando, hijo también de Héctor. Esta ilustre familia de personas bien arraigadas a nuestros escenarios llevan a escena una obra escrita por David Desola, joven y premiado autor español, pluma fundamental de una renovada dramaturgia en su país que ahora recorre los escenarios del mundo. La historia es minimalista, es decir, no hay tramas enredadas, ni eventos escandalosos, ni grandes suspensos, ni  héroes extraordinarios u obstáculos imposibles.

La historia va sobre un hombre común en una situación común. Lino es el encargado de un almacén de un corporativo que hace supuestos mástiles para barcos. El hombre lleva trabajando más de 29 años ahí y, próximo a su jubilación, toca entrenar a su relevo. Y es aquí donde sucede lo inesperado. El joven Nin, el nuevo empleado que será su sustituto, sigue atentamente las instrucciones de Lino. Pero la rutina y la obsesiva exactitud de Lino llegan al absurdo. Así que, muy sutilmente, el joven Nin lo confronta. Lino, en plena crisis de jubilación, se dará cuenta del tiempo perdido en una rutina de vida que consumió su vigor e inteligencia. Poéticamente, el autor entrama una línea de hormigas que pasa por el almacén espejo de la empequeñecida existencia de Lino.

Cómo se agradece no ver un escenario ostentoso. Cómo se agradece ver un escenario austero. El teatro al desnudo, totalmente pelón. Fernando Bonilla sabe muy bien que este teatro tiene más que ver con sus actores, la historia, su ritmo y la relación honesta con el espectador; además de que la obra sucede en un almacén, y el contexto del teatro pelón ayuda a entrar en esta convención de espacio marginado. Así que no requiere más. Héctor y Sergio Bonilla logran una relación en escena entrañable. Pero hay que destacar la dramaturgia de Desola.

Conocedor de la estructura dramática, innovando en ella, Desola construye al personaje de Lino en su rutina, y es a través de su comportamiento y una rítmica muy particular que podemos leer una compleja síntesis de existencia ordinaria. Eso lo reconoce Héctor tan bien, que construye sobre los detalles propuestos por Desola y hace de Lino un personaje multidimensional y profundo en su simpleza; y si bien a veces cae en la tentación de la complacencia, este gran actor es capaz de retomar de inmediato la complejidad del personaje y conducirnos a la premisa de la obra: la insignificancia y el extravío del objetivo de la vida. Así que los extendidos silencios, la espera y las estiradas miradas son clave en la construcción de un trabajo que carga recónditos significados.

Esta es la tercera vez que Héctor Bonilla estrena Almacenados. La primera fue en 2006 en el Teatro Helénico, pero por motivos de fuerza mayor tuvo que suspender temporada. Una obra donde la humildad de estos enormes actores asume la poética de la pequeñez.

Por Silvia Ortega

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