Bosques

Teatro, Drama
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Sin titubeos, se puede señalar a la tetralogía del autor canadiense Wajdi Mouawad —conformada por las obras Bosques, Litoral, Incendios y Cielos— como una de las columnas más importantes de la dramaturgia contemporánea mundial. Y es que los temas que Wajdi toca desafían nuestro tiempo, al comprobar en su escritura cómo la herencia histórica de nuestras guerras y opresiones políticas someten al individuo a la desestructura interna, a la angustia y al derrumbe de su identidad. De origen libanés, Wajdi vivió hasta sus ocho años el terrible enfrentamiento civil entre libaneses, así como la ocupación israelí, antes de que sus padres lograran establecerse en Quebec. Por supuesto, su obra es en mucho autobiográfica, marcada con dolores de una infancia violentada por la guerra y el destierro. Pero también Wajdi es un genial contador de historias. De los griegos —en especial de Sófocles— toma la monumental estructura de la tragedia clásica; de los cuentos populares anónimos y ancestrales, la fuerza del mito y el arquetipo; y de la realidad actual, el fallido acontecer político mundial, el desencanto, y la orfandad que sella a las nuevas generaciones.

Hugo Arrevillaga y su compañía han llevado a escena con notoriedad ya tres obras de su tetralogía: Incendios, Bosques y Litoral. Ahora puedes ver Bosques y Litoral. En Bosques, una joven enojada con la vida se inicia en un viaje —después de la muerte de su madre, quien le pide cumpla una promesa— para intentar redefinir su vida, en donde la búsqueda de su pasado la llevan hasta la Prusia del siglo diecinueve y las dos guerras mundiales. En Litoral, un joven light deja su estado de apatía al enfrentarse a sus orígenes en Líbano, tierra a la que ha regresado para darle sepultura a su recién fallecido padre.

La dirección de Arrevillaga da un golpe emocional certero y profundo al espectador y logra llegar a través de un tono sentimental muy bien sustentado a la añorada catarsis aristotélica. Y es en el ritmo ágil y la escena lúdica muy dentro de la escuela de Peter Brook (economía de elementos, relación íntima y cercana al espectador, el gesto simbólico y la narración limpia de la fábula), así como en el estado emocional exaltado de la actoralidad, donde Arrevillaga pone su énfasis, llevando la premisa más hacia a una historia de reconciliación individual, que a la provocación y al desgarre ideológico que acompañan la trayectoria de cada personaje. En este sentido, se extraña en escena esa dimensión crítica y política que sin duda Wajdi grita en sus textos. Con estas obras, Arrevillaga y su compañía han ganado un alto prestigio en nuestro teatro, así como en importantes festivales internacionales, y es de lo mejor que se puede encontrar en cartelera. De las imprescindibles.

Por Silvia Ortega

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