Cabaret magnético para usos rurales

Teatro
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Cabaret magnético para usos rurales
Foto: Cortesía de la producción

Nada es lo que parece, ni la obra, ni su título. Esta frase resume a la perfección a Cabaret magnético para usos rurales. En el escenario están dos personajes, una pequeña mesa de centro, un perchero y una gramola que ambienta los sketches, monólogos y números musicales de los que serás testigo.

El actor Gustavo Gonzalo viste una falda escocesa, hasta se le encuentra parecido a William Wallace, pero con cierto aire de conquistador español. Gonzalo habla con la actriz Sara Nieto, quien porta un vestido largo y rojo, como un lujo en decadencia. Los dos sueltan un sin número de quejas, olvidan lo políticamente correcto para decir que odian a todos por igual: pobres, ricos, viejos y jóvenes.

Al inicio de la obra escupen las siguientes palabras: "Los tenemos vigilados y nada es lo que parece"; al desarrollarse la obra te das cuenta de que la sentencia es cierta. Las acciones no sólo se centran sólo en el escenario, sino también en las butacas. Como consecuencia, todos los presentes también actúan con ellos. Varios sketches requieren de la participación de los espectadores.

El grupo español Funfanfarria -integrado por Gustavo y Sara- presenta diversos números que han realizado a lo largo de su historia como compañía, cada puesta es una experiencia variable e irrepetible, con la misma premisa: la gente es extraña.

En escena los actos versan sobre diferentes temas, como lecciones de onanismo y cómo masturbarte como un profesional, de una mujer que se embriagó sin probar una gota de alcohol, la historia de un stripper llamado Mario que vuelve arte lo prohibido, y una mujer en cuero negro que te ayuda a fingir orgasmos.

Si asistes procura dejar las inhibiciones en casa, y no mostrarte ensimismado en la obra, porque si lo haces se darán cuenta y recuerda, ellos te están vigilando. 

Por Miguel Pineda

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