Cada vez nos despedimos mejor

Teatro
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Cada vez nos despedimos mejor
Foto: Antonio Ramírez

“Mi padre jodió a mi madre, luego yo jodí a Sara y luego una serie de eventos desafortunados nos jodió a todos”, es la manera en que Mateo, interpretado por Diego Luna, sintetiza su historia de amor con Sara.

Cada vez nos despedimos mejor es la historia de estos dos personajes que nacieron el mismo día, en el mismo segundo y en el mismo hospital. A partir de ahí su vida se vuelve una serie de encuentros y desencuentros en un contexto de tragedias (en su mayoría) que marcaron la historia del México actual.

Estos sucesos son retratados a través de fotografías: imágenes de la Tierra tomadas por la sonda especial Voyager, fotos con una cámara estenopeica, con una de formato medio y finalmente, con una Polaroid. Así se entretejen las pequeñas historias que protagonizan estos enamorados.

El dramaturgo Alejandro Ricaño (Más pequeños que el Guggenheim) hizo una extensa investigación sobre los hechos que han marcado a México desde los ochenta, y aunque no se trata de un texto político, es una obra con una fuerte carga de denuncia.

Del temblor de 1985, los enfrentamientos en las manifestaciones del 1º de diciembre de 2012, las elecciones de 1988, la matanza de Acteal, el atentado en el zócalo de Morelia de 2008 y el episodio en el que Enrique Peña Nieto, cuando fue candidato a la presidencia, no pudo mencionar sus tres libros favoritos. Todos estos eventos funcionan como la escenografía de la historia.

En este monólogo vemos a un Luna desenvuelto y con un dominio perfecto del escenario. Sin embargo, no va más allá, al ser un personaje escrito especialmente para él, no lo vemos tomar riesgos.

Luna se hace acompañar acertadamente con la música en vivo del percusionista Darío Bernal, que con cada intervención logra enfatizar los diálogos de actor e invita con sus sonidos a que el espectador utilice su imaginación.

Luna y Ricaño hacen una buena mancuerna al contar una comedia, cargada de humor negro e ironía, que invita a pensar sobre aquellas relaciones que no dejamos ir y sobre hechos que no pueden serle indiferentes a ningún mexicano, ya que han cada uno ha dejado una huella en el país.

De alguna manera el personaje termina siendo México, y la obra una reflexión sobre cómo los mexicanos hemos aprendido a lidiar con nuestra realidad, algunas veces con indiferencia, pero otras más con indignación.

Por Melissa Moreno

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