Cuando había granadas en noviembre

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Cuando había granadas en noviembre
Foto: Cortesía de la producción

Cuando había granadas en noviembre hace referencia a la mancha urbana que va consumiendo lo rural, como metáfora de lo que nunca más volverá a ser. También es el nombre de esta reflexión escénica en la que Leticia Huijara escribe y actúa bajo la dirección de Mario Espinosa. Es una puesta en la que víctima y victimario se reconocen entre sus propias miserias y virtudes.

En el escenario, que es una cárcel que parece respirar con vida propia, un sentenciado por participar en un secuestro es entrevistado por una mujer que quiere saber cada momento y detalle que vivió con el secuestrado y occiso. Las entrevistas son concedidas a través de un acuerdo monetario; ella quiere ver a los ojos a la última persona que estuvo con el secuestrado y el culpado quiere dinero para sacar a su familia del país.

La obra busca ir más allá del tema del secuestro para hablar de la posibilidad de comunicarnos y reflejarnos en el otro. Mario Espinosa comenta que estos personajes que inician llenos de rabia van desdoblando sus emociones hasta aceptar sus responsabilidades y errores. “Ellos están más allá del bueno y el malo, son en sí mismos una tragedia, están secuestrados por sus propias vidas. Esta historia inicia cuando ya todo ha ocurrido, esta obra es la consecuencia de las decisiones de los dos interlocutores”, comenta el director.

Cuando había granadas en noviembre busca un poco de luz en ambos personajes. Que el muerto cruce las aguas hacia la paz, esa es la metáfora que Leticia Huijara utiliza para buscar la conciliación entre los seres humanos.

Por Irving Rivas

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