El chico de la última fila

Teatro, Teatro contemporáneo
Recomendado
0 Me encanta
Guárdalo
El chico de la última fila
Foto: Cortesía de la producción

Si bien a este montaje le precede una exitosa y premiada versión cinematográfica realizada por François Ozon en 2012, la verdadera importancia de esta obra es que se trata del cuarto texto que podemos ver en México de uno de los dramaturgos más destacados de la escena española actual: Juan Mayorga (Hamelin, La paz perpetua, Cartas de amor a Stalin).

El propio Mayorga ha dicho que esta es una obra sobre la imaginación. Y es cierto. Empero, como toda imaginación que se respete, va mucho más allá. El texto y la afortunada puesta en escena de José María Mantilla (Mar muerto, La muerte de un viajante) nos conducen hacia una travesía por universos tan complejos como el arte, la identidad y la invención.

La creación literaria es el detonante de los demonios que obstruyen o alientan las relaciones entre marido y mujer, padres e hijos, maestros y alumnos. Aborda también la búsqueda de la ficción como catalizador de la intimidad, que las cuatro paredes de una casa clasemediera se esmera en resguardar. Novelas clásicas, poemas cursis y pinturas malas que despiertan el ingenio creciente, los deseos contenidos y los miedos atrapados.

José María Mantilla, en una notable madurez como director, aprovecha el sobrio espacio diseñado por Carolina Jiménez e iluminado por Francisco Álvarez para sintetizar los sitios que pide el texto y convertirlos en lugares acogedores, antojables para visitar… y no salir de allí. El vestuario de Lissette Barrios y la escenofonía (musicalización) de Pedro de Tavira completan el antojo y el misterio.

Mantilla dirige a un atractivo reparto que abarca puntual y propositivo la ambigüedad o la franca transparencia de sus personajes. Como de costumbre, hay solvencia en el trabajo de Anna Ciocchetti y Carlos Corona. Es un deleite ver a Paloma Woolrich ofreciendo el supuesto equilibrio de la obra y es agradable ver a un actor como Luis Miguel Lombana cargar con tanto aplomo buena parte del peso de la representación.

Si algo hace que esta obra encuentre una luz dentro de su intrincada y perturbadora esencia de thriller, es la presencia de Jorge Caballero, un joven y experimentado actor que se sabe ante un momento importante y lo aprovecha con cada palabra, cada gesto, cada inquietante mirada que ofrece. Su trabajo es sutil y poderoso, muy bien acompañado por la frescura e inquebrantable soporte de Mauro Sánchez Navarro.

Por Enrique Saavedra

Publicado

LiveReviews|0
2 people listening