El libertino

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El libertino
Foto: Cortesía de la producción

Libertino: dícese de aquella persona entregada al libertinaje. En plena mitad del siglo XVIII, la exploración de la sexualidad y la distracción de la moral en la sociedad europea –la francesa en este caso– era pan de cada día. El que un hombre hiciera y deshiciera su propia conducta sexual y social no era tanto problema, a menos que se tratara del prestigiado filósofo al que le encomendaron redactar el apartado sobre la moral en La Enciclopedia, obra cumbre de la Ilustración Francesa.

El dramaturgo –y también filósofo– Éric-Emmanuel Schmitt partió de la figura de Denis Diderot para estructurar un enredo enmarcado por las relaciones del novelista con sus mujeres: su esposa, su amante, su hija y la amiga de su hija. Para recordarle su labor intelectual, está su eficaz asistente. Fascinado por los textos del dramaturgo contemporáneo, el traductor y director Otto Minera no dudó en llevar a la escena mexicana una obra que habla de dobles y triples morales.

Marina de Tavira, Marcela Guirado, Andrea Guerrero y Karina Gidi –en una participación especial– son las causantes de que el filósofo modifique en el documento, según sus vivencias al lado de ellas, las sentencias y afirmaciones sobre lo que es y debe ser la moral. Rafael Sánchez Navarro interpreta a Diderot con la autoridad que le da el saberse uno de los actores más sólidos de nuestro teatro.

El actor explica que esta obra sobre un intelectual francés de tres siglos atrás tiene vigencia en este tiempo y este lugar: “Somos un país de por lo menos doble moral, a veces triple y hasta cuádruple. Es un tema que abre reflexiones importantes. Esta es una obra tan bien escrita que tiene muchos niveles de lectura: quien guste profundizar sobre la moral y la filosofía, encontrará referencias muy interesantes. Quien sólo quiera divertirse y ver a mujeres guapas y buenas actrices, no lo va a decepcionar”.

Por Enrique Saavedra

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