El Nahual

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El Nahual
Foto: Cortesía de la producción

En medio del limbo, hurgando en una pila de periódicos de nota roja que enumeran las peores historias de miseria humana, se encuentra el Nahual. Está frustrado porque su muerte no fue lo suficientemente importante para ser mencionada ni en lo más barato, morboso y sangriento de la prensa.

El Nahual, apodado así por ser siempre tan extraño y estar medio güerito, narra con coraje su ridícula muerte a manos de asesinos que iban por otro vecino del barrio El hoyo. Las casas de lámina, que no tienen numeración lógica, fueron las causantes de que el muchacho de los pistaches fuera asesinado.

Su alma no está en pena, pero sí muy enojada, así que una vez aceptada la muerte, decide darle rienda suelta a sus deseos. Como asistir por fin al table dance El Tenteichon, en el que en vida nunca entró por discriminación. El reencuentro con figuras míticas del barrio lo anima, como ver al Pipis, famoso por aguantarse por horas las ganas de orinar. El Nahual viaja reflexivo entre las sombras de los suicidas del Metro y otros muertos de la ciudad.

Carlos Talancón escribe, dirige y actúa este monólogo que resulta una tragicomedia. Una serie de eventos cada vez más desafortunados con los que le da voz a aquellos que desaparecieron de la forma más miserable.

Para el director, el personaje es la encarnación y la voz simbólica de la gente que ha sido tragada por el olvido. Recuerda a esos entes a través de un protagonista irónico y un tanto cantinflesco que aborda un tema muy trágico.

Acompañado en escena de la violinista Adriana H. Forcada, Talancón hace un ejercicio entre la tragicomedia y el stand up de forma versátil y cercana con el espectador. La obra ganó el Séptimo Rally de Teatro Independiente del Centro Cultural El Foco.

Por Irving Rivas

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