El síndrome Duchamp

Teatro, Teatro contemporáneo
0 Me encanta
Guárdalo
El síndrome Duchamp
Foto: Alejandra Carbajal
Ana Graham y Antonio Vega

“Si puedo triunfar ahí, voy a triunfar en cualquier parte”, cantan Liza Minelli y Frank Sinatra en la célebre apología de Nueva York. Eso lo saben bien Ana Graham y Antonio Vega, actores, directores y productores quienes, tras consolidar en México a la compañía independiente Por Piedad Producciones, emigraron hace cinco años a La Gran Manzana para ampliar su panorama como creadores escénicos.

Fruto de los contrastes a los que se han enfrentado como turistas, habitantes y trabajadores en esa ciudad, nació El síndrome Duchamp, el proyecto más personal de la dupla. El texto, la dirección y la actuación corren a cargo de Antonio, mientras que Ana participa como productora y codirectora. Esta vez, no hay autores contemporáneos de por medio, como Sarah Kane o Roland Schimmelpfennig.

“La obra viene de todo lo que he reflexionado fuera de México. También de técnicas como el stand up comedy, el teatro de objetos, el uso de cámaras como recurso, el clown y la capacidad expresiva de los objetos inanimados”, comenta el director.

En escena, está acompañado por un actor que interpreta a la Sombra. Ésta sigue a los personajes de Vega a manera de metáforas: “Un hombre que se convierte en cucaracha cuando llega a Nueva York, una rata que se quiere volver ardilla, un ventrílocuo cuyo público no reacciona ante su sentido del humor”.

Ante todo, se trata de un tributo de amor–odio para Nueva York, la ciudad que ha sido su hogar desde hace cinco años y en la que Por Piedad Producciones, en coproducción con The Play Company, ha presentado un ciclo de dramaturgia mexicana, así como Working on a Special Day, la versión en inglés de Trabajando un día particular, obra creada por Laura Almela y Daniel Giménez Cacho a partir de la película de Ettore Scola.

La idea surgió a partir de una necesidad del actor: “Quería hacer una obra para mi mamá. He trabajado en un teatro muy arriesgado, no apto para mamás católicas. Torturé tanto a la mía que ya no quería ir a verme. Así que decidí que otro de los temas fuera la obsesión de alguien con la aprobación de sus padres.”

Vega no cumplió del todo con su cometido: la cucaracha es malhablada, la rata sólo quiere ser algo distinto a lo que es  y el ventrílocuo es un fracasado. Por eso, uno de los momentos más entrañables de esta obra, que dio seis funciones de prueba en julio de 2013 en el Teatro El Milagro, es el encuentro del personaje con una madre ficticia cuya identidad es sorprendente en cada función.

“Cuando haces una ópera prima, siempre es más autobiográfica de lo que quisieras, porque no estás entrenado para escribir ficción, entonces todo parte desde ti mismo, es exorcizar tus demonios primero. Quizá en la segunda obra que haga ya no voy a voltear tanto hacia adentro para poder escribir”, concluye el actor.

Por Enrique Saavedra

Publicado

LiveReviews|0
0 people listening