El vestidor

Teatro
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El vestidor
Yanko Bribiesca

Era 1983. La marquesina del Teatro de los Insurgentes anunciaba a dos de los actores más importantes de la escena mexicana en un mano a mano que se antojaba único e irrepetible: Ignacio López Tarso y Héctor Bonilla en El vestidor, de Ronald Harwood. En aquella época fueron dirigidos por José Luis Ibañez, director de obras como La jaula de las locas, Mudarse para mejorar y cofundador de Poesía en Voz Alta junto con Octavio Paz y Leonora Carrington.

El éxito de El vestidor todavía resuena en el recuerdo del mejor teatro de formato comercial. Por esta puesta en escena se le otorgó en 1984, el premio al mejor director de las Asociaciones de Críticos Teatrales.

30 años después, Héctor Bonilla vuelve a la carga con este texto, pero ahora en el personaje que antaño hiciera López Tarso. En escena, Bonilla es su Señoría, un viejo actor inglés que va de pueblo en pueblo representando con su compañía obras de Shakespeare. Una noche, en medio de las bombas que desata la guerra y con un mermado estado de salud, su Señoría debe actuar al personaje más complejo del universo shakesperiano, el rey Lear.

A partir de esta sencilla anécdota, el texto de Harwood rinde un homenaje al arte del teatro y, sobre todo, al del actor. Lo hace a través de la mirada de Norman, asistente de su Señoría, con quien desarrolla una relación de codependencia que al mismo tiempo que impone una exquisita comedia, anuncia una patética tragedia. Norman, quien fuera interpretado tres décadas atrás por Bonilla, ahora encarna en la piel de Bruno Bichir.

“Yo siempre he visto una similitud entre la relación de Don Quijote y Sancho Panza y la relación de Su señoría y Norman. Son dos partes de un mismo personaje. ¿Qué pasa con estos personajes? El vestidor sueña con ser actor y su única forma de salir al escenario es a través del viejo y el viejo no puede salir a actuar si no lo acicala y lo prepara el vestidor”, reflexiona Héctor Bonilla.

En esta ocasión, el encargado de la puesta en escena es Alberto Lómnitz, quien conservó el texto traducido por José Luis Ibáñez, con lo cual el eco de aquel celebrado montaje seguirá escuchándose. Verónica Langer, Pilar Ixquic Mata y Arturo Reyes son algunos de los actores que completan el reparto de una obra que, a decir de su director, le habla a todos aquellos que quieren saber qué hay detrás de un escenario teatral.

“Es una obra acerca del teatro, de los actores, del sentido que tiene este arte escénico para quienes lo hacemos. Aunque es una obra muy conmovedora para la gente de teatro, porque realmente la sentimos propia, parte de su encanto es que abre una ventana para todo el público, pues siempre hay un interés por ver qué sucede en la vida del actor, qué sucede entre cajas. Esta trabajo lo muestra”, afirma Alberto Lómnitz.

Tanto para el director como para Bonilla, el montaje implica un imponente reto, ya que buena parte del texto recae en la representación que la compañía de su Señoría realiza de El rey Lear, por lo que ambos se adentraron en las profundidades de la gran tragedia shakesperiana que enfatiza las huellas que la vejez y la soberbia han dejado en ese  actor que, al final del día, sólo cuenta el amor-odio que se profesa mutuamente con su vestidor. Como Lear con su Bufón.

Por Enrique Saavedra

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